FUENTE CAMENAS
MISCELÁNEA

FUENTE DE LAS CAMENAS

La Fuente de las Camenas (Fons Camenorum) era el manantial sagrado al que diariamente acudían las Vírgenes Vestales a recoger agua para la celebración de sus ritos.

Aunque se ignora su concreta localización, consta que se hallaba al Sur del monte Celio, rodeada de una frondosa arboleda de álamos negros (Lucus Camenae), por fuera de la antigua Puerta Capena.

El bosque  había sido consagrado por el segundo rey de Roma, Numa Pompilio (reinó del 714-674 a.C.) a las ninfas de las fuentes, las Camenas. En él residían en continua primavera, y allí también tenían un templo a ellas dedicado: era el Templum Camenae, donde hoy se asienta la actual iglesia, ya desconsagrada, de Santa Maria in Tempulo.

sata maria in tempulo
Santa Maria in Tempulo

En el siglo II a.C. un rayo destruyó el  Templum Camenae. El culto que allí se celebraba acabó instalado en el cercano Templo de Hércules Musageta (Aedes Herculis Musarum). Por las estatuas con que éste estaba adornado, las Camenas se asimilaron posteriormente a las Musas. Y, asimismo, el bosque circundante (Lucus Camenae) pasó también a considerarse “Morada de las Musas”.

Al carecer de escritos fidedignos y pruebas fehacientes, leyenda, tradición y mitología se han entremezclado a lo largo de los siglos. Pero, en síntesis, éste es el relato de la mayoría de los autores antiguos.

El culto a las Camenas fue introducido en Roma por los etruscos. Con anterioridad al siglo V a.C., parte de los habitantes de la ciudad de Falerii (Falerium) emigraron a Roma. Se asentaron en el monte Celio y trajeron consigo el culto a su diosa patria: la Gran Madre, la diosa Cama. Se la representaba como una diosa joven y grácil, de largos y ondulados cabellos que sujetaba con una exuberante diadema floreada. Como símbolo de sus habilidades proféticas, solía aparecer con un arpa a sus pies. Al parecer fue Cama quien predijo la grandeza de Roma y el futuro de los infantes romanos.

Así lo atestiguan las escasas referencias que los autores antiguos nos han dejado en sus textos. Entre otros, Ovidio (siglo I a.C.), en sus “Fastos”; Tertuliano (siglo II), en “De Cultu Feminarum”; o Macrobio (siglo IV), en sus “Saturnalia”.

Como sucedió con otras muchas ancestrales deidades femeninas, Roma, como diosa foránea que Cama era, la degradó. Y Cama, aunque conservó todos sus atributos y facultades proféticas, de diosa pasó a ser “ninfa de las fuentes”. Quizá en correspondencia con los manantiales del frondoso bosque en que habitaba. Su primigenio nombre, al latinizarse, devino en Camnae, Casmenae, Carmenae, y, finalmente, en Camena.

De la ninfa Camena surgirían cuatro nombres, probablemente diferentes formas de nombrarla por sus virtudes: Carmenta, Antevorta, Postvorta y Egeria. Éstas son las que luego, individualizadas, se conocieron como ninfas Camenas.

La mitología romana las incorporó a su religión, y las Camenas pasaron a ser ninfas de los manantiales, de los pozos y de las fuentes. Y, como ninfas acuáticas que eran, pasaron a estar bajo el amparo de la diosa Venus.

CARMENTA

La etimología de su nombre procede del don profético que poseía: en latín, Carmen significa “canto mágico” (poema, verso, fórmula mágica u oración), y ésta era la forma en que antiguamente se transmitían los oráculos.

Carmenta

Fue la más importante de las ninfas Camenas, y se la tenía como protectora de las mujeres embarazadas, de los partos y patrona de las parteras. De ella ya tratamos en nuestro anterior artículo: Carmenta.

En la antigua Roma fue muy venerada:

  • Se le dedicó un altar en el Foro Olitorio, junto a los Templos de la Fortuna y de Mater Matuta (en actual Área Sacra de San Omobono).
  • Dio nombre a una de las antiguas puertas de los muros servianos: Porta Carmentalis.
  • El bosque donde se asentaba la Fuente de las Camenas, el Lucus Camenae, por ella fue posteriormente renombrado “arboleda Carmentalis”.
  • Y, en su honor, se instituyó para las mujeres la festividad de las Carmentalia.

Quizás por emulación a las Parcas griegas, que predecían el destino de los hombres en el momento de su nacimiento, Carmenta ocupó esa función en la religión romana.

Por ese don profético fue también llamada “Carmenten antevorta et postvorta” (conocedora del pasado y del futuro). Eran aspectos de la misma Carmenta que luego se personificaron en las ninfas Antevorta y Postvorta, denominadas así por la posición que podía tomar el niño en el momento del alumbramiento.

Ambos nombres contienen la raíz común “verteré”, que significa “cambiar, girar o alterar”. Así, Antevorta significa “Antes del cambio” (antes del parto), y Postvorta, por el contrario, significa “Después del cambio” (tras el nacimiento). De ahí que las parturientas solicitasen su intervención ante los partos, pues las consideraban “conciliadoras” de la Providencia.

 

POSTVORTA

Era la ninfa que personificaba el conocimiento del Pasado. Las parturientas la invocaban para que suavizara los dolores del parto, instándola, sobre todo, a que “facilitase el cambio” cuando el futuro bebé venía de nalgas.

 

ANTEVORTA

Personificaba el conocimiento del Porvenir. Las parturientas la requerían para que el futuro bebé tuviese un natural (“de cabeza”) y feliz alumbramiento. Asimismo, se la invocaba por la salud del recién nacido y para que restituyese la de la parturienta.

 

EGERIA

Procedente de la región etrusca de Ariccia, además de ninfa de las fuentes, Egeria estaba ligada originalmente al culto de Diana, protectora de los bosques. Los antiguos la asociaron con el roble, tal vez como ninfa de una fuente que manaba de las raíces de este árbol. Y por la virtud profética que, entre los griegos, confiere el agua de esas fuentes, también se le atribuyó el don de la Sabiduría.

fuente camenas
Numa y ninfa Egeria

Numa Pompilio, el segundo rey de Roma (reinó del 714 al 674 a.C.), la tuvo por compañera y esposa.

En contraposición a su predecesor, el belicoso Rómulo, Numa dedicó sus esfuerzos a establecer los cimientos de la Religión romana. Y lo pretendió inculcando al pueblo los sagrados principios de la “virtus et pietas erga deos” (virtud y devoción a los dioses). Su proceder y su obra aún siguen siendo motivo de orgullo entre los romanos, que aún se refieren a él como Numa “el piadoso”.

Numa Pompilio

De su relación con Egeria, a la que Numa tuvo por inspiradora y consejera, dejo constancia el historiador Tito Livio. En su obra “Historia de Roma desde su Fundación” (Libro I), lo explica así:

“Se dispuso a basar la nueva ciudad, fundada por la fuerza de las armas, sobre nuevos cimientos: el derecho, la ley y las buenas costumbres. Comprendiendo que en un clima de guerra no podían aclimatarse a estas bases, porque la práctica militar vuelve más inciviles los ánimos, pensó que debía tornar menos rudo a su pueblo deshabituándolo de las armas… Como dicho temor no podía calar en las mentes sin el recurso de algún evento milagroso, simula tener encuentros nocturnos con la diosa Egeria, y que, por indicación de la diosa, instituye los cultos más agradables a los dioses …

El centro de atención del pueblo pasó de la violencia de las armas a las consultas y conjuros mencionados; las mentes estaban ocupadas en tales prácticas y, además, la atención a los dioses, convertida en obsesión al ver que la voluntad divina intervenía en los asuntos humanos, había calado en los corazones de todos con tal religiosidad que la ciudad se regía por la fidelidad al juramento, en lugar de por el miedo supremo al castigo basado en la ley”.

Y, seguidamente, añade:

“Había un bosque en medio del cual manaba, de una sombría gruta, una fuente de agua perenne; como Numa con mucha frecuencia solía dirigirse allí sin testigos pretextando ir al encuentro de la diosa, consagró el bosque aquel a las Musas, porque, según decía, allí se reunían con su esposa Egeria”.

La tradición romana identifica ese manantial con la fuente que nos ocupa, la Fuente de las Camenas.

No obstante, en el valle de la Caffarella (entre vía Appia Pignatelli y el río Almone) hay una edificación conocida como Nymphaeum de Egeria (Ninfeo de Egeria). Aún perduran restos (supuestamente del siglo II) de la estructura allí construida para preservarlo y perpetuar su memoria.

Ninfeo de Egeria

Cuenta la leyenda que, tras la muerte de Numa, Egeria, conmovida por tan inmenso dolor, quedó sumida en un perpetuo llanto… Y que Diana, apiadada, la transformó en un perenne manantial (en el bosque de Nemi, en Ariccia, al Sureste de Roma).

Egeria es también el tercer asteroide de la órbita de Marte. Fue descubierto en 1850 por el astrónomo italiano Aníbal de Gasparis, quien lo nominó así por el alto e inusual contenido en agua que mostraba (sobre un 11% de su masa).

Según Hesíodo, las ninfas surgieron de la sangre derramada por Urano cuando lo mutilo su hijo Cronos.

En la mitología griega y latina, las Ninfas son diosas menores, generalmente asociadas a la naturaleza de un determinado lugar. Tenían la facultad de predecir el futuro, así como la de curar, otorgando virtudes curativas a los manantiales, fuentes, plantas o cuevas donde moraban.

Solían habitar en regiones montañosas y en bosques con lagos y manantiales, y su culto solía ser, por tanto, local. Eran consideradas espíritus divinos que animaban la naturaleza. Como tales, las solían representar como jóvenes doncellas núbiles, de espíritu libre, a quienes les encantaba bailar y cantar.

Eran objetivo habitual de los sátiros, seres mitológicos crueles y lascivos que habitaban los bosques. Los autores romanos refieren que Fauno, por ejemplo, solía esconderse entre la maleza de los bosques para espiar a las ninfas y a las muchachas, persiguiéndolas en busca de sus favores.

fuente de las camenas
Fauno y las ninfas

Las ninfas fueron muy apreciadas en la antigua Roma. Todas las grandes fuentes a las que se atribuía su  propicia influencia acabaron transformadas en Ninfeos (Nymphaeum).  Originariamente se consideraban lugar de culto a las ninfas, y de éstas tomaron el nombre.

Normalmente eran altares construidos en las grutas naturales de las que brotaba el manantial. Sin embargo, con el tiempo se edificaron grutas artificiales a las que se proveyó de agua. Luego fueron transformadas en construcciones en forma de edículo, con una hornacina interior de donde manaba la fuente. Se decoraban con teselas multicolores, formando variadas formas o figuras. Su interior estaba revestido, generalmente, con roca volcánica, imitando el ambiente natural de las cuevas.

fuente de las camenas
Ninfeo del Palazzo Falleti

La cultura romana extendió esta práctica de construir Ninfeos. No sólo en Roma, donde abundan por jardines, plazas y casas solariegas, sino por todo el Imperio. Y hoy podemos disfrutar de ellos gracias a la infinita Roma…

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