FUENTES DEL PALACIO DE LAS PENITENCIARIAS
FUENTES Y PLAZAS

FUENTES DEL PALACIO DE LAS PENITENCIARÍAS

Reciben este nombre, Fontalle del Palazzo dei Penitenzieri (Fuentes del Palacio de las Penitenciarías), las dos curiosas fuentes situadas en la fachada del referido Palacio.

También se las conoce como Fonti del Borgo Vecchio (Fuentes del Pueblo Viejo), porque ya anteriormente se encontraban en la zona: concretamente en las plazas de Scossacaballi y Pia. De allí fueron removidas en 1937, cuando se demolieron las edificaciones circundantes para crear un noble acceso al Vaticano: la actual vía della Conciliazione (vía de la Conciliación). Un nombre, Conciliazione, elegido para recordar la histórica paz surgida entre la Iglesia Católica y el Estado Italiano tras los Pactos de Letrán (11/02/1929).

Las fuentes, reconstruidas, fueron luego reubicadas en su actual emplazamiento. Se adosaron simétricamente a cada lado de la fachada principal del Palazzo dei Penitenzieri, que acababa de ser restaurado y reutilizado como hotel: Hotel Columbus (abierto en 1950 y clausurado definitivamente en 2018).

 

PALACIO DE LAS PENITENCIARIAS
Palazzo dei Penitenzieri

 

Originalmente formaron parte del grupo de fuentes que el romano Pablo V (Camilo Borghese, Papa de 1605 y 1621) hizo construir durante su pontificado para abastecer el distrito del Borgo. Y en éstas (como en cuantas edificaciones propició), el Papa dejó testimonio de su impronta: el águila coronada y el dragón alado.

Como curiosidad, apuntar que ambos animales son emblemas familiares del escudo nobiliario de los Borghese. El águila coronada simboliza el título de “Rey de los romanos” (a diferencia de la bicéfala, que lo es de los “Emperadores”). El dragón representa a la rama familiar “Del Drago” (Del Dragón), una antigua y noble familia italiana (originaria de Viterbo) emparentada con los “Borghese”.

 

Emblema de Pablo V Borghese

 

Ambas fuentes están enmarcadas entre elaboradas columnas toscanas (cuadradas), bajo un tímpano triangular que se sustenta en sus capiteles. Reproducen, en mármol, el frente de un antiguo templo romano, si bien los tímpanos están exentos del marco inferior, dando mayor capacidad  al habitáculo. En el suelo, incrustado en la acera, un marco de travertino delimita ambas fuentes.

En la fuente de la derecha (la más cercana al Vaticano), bajo el tímpano, está representada un águila imperial con las alas desplegadas. El ave se apoya en un nicho semiovoide que, a su vez, descansa sobre un pilón suspendido en la pared (a media altura). El centro del nicho lo ocupa la figura de un dragón alado, de cuya boca brota el agua hacia el pilón semicircular inferior.

 

 

La fuente de la izquierda, de idéntica factura, tiene un pilón de mayor tamaño, y está ornamentada con un festón inferior. Además, falta el águila que debiera asentarse sobre el nicho central. En su lugar, espaciadas, están labradas las siglas S P A, cuyo verdadero significado aún es objeto de discusión.

 

 

Para unos, se corresponden con las iniciales de  “Sacro Palazzo Apostólico” (Sagrado Palacio Apostólico), un término genérico italiano usado para indicar ser propiedad papal (perteneciente al Vaticano).

Otros consideran que hacen referencia a la calidad del agua, pues con estas siglas se marcaban aquellas fuentes cuyas aguas se consideraban beneficiosas para la salud. Serían, en este caso, el monograma de la expresión latina “Sanus Per Aquam” (Saludable a través del agua). Un “latinajo” que ha derivado en el tan actual acrónimo “SPA”. Con él nos referimos a los baños terapéuticos con aguas mineromedicinales, y, por analogía, a los centros-balnearios donde se aplican tales métodos.

Ambas fuentes están abastecidas por el acueducto Aqua Paola, una reconstrucción del antiguo Aqua Traiana. Se renombró así por el Papa que la efectuó (entre 1608 y 1614), el mismo Pablo V (Paulo V).

Se desconoce quién fue el autor de las fuentes, delicadas y finas en su conjunto. No obstante, el labrado de águila y dragones posee cierto “aire de caricatura” que encanta, por lo ameno, a quienes las contemplan. Y, pese a que pasan desapercibidas por quienes transitan a su vera (abstraídos ante la omnipresencia del Vaticano), aportan un detalle muy singular a la vetusta Roma.

 

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