RELOJ DE AGUA DEL PINCIO
FUENTES Y PLAZAS

RELOJ DE AGUA DEL PINCIO

El Reloj de agua del Pincio se halla semioculto en uno de los intrincados caminos que recorren los majestuosos jardines de Villa Borghese.

Es comúnmente llamado así (Orologio ad acqua del Pincio, en italiano) por encontrarse en este cerro, el Pincio, que hoy forma parte de Villa Borghese. De ahí que el camino donde se ubica, próximo a la plaza de Napoleón, tome de él también el nombre: Vía del Reloj (Viale dell’Orologio).

Los antiguos romanos acuñaron el término latino horologium (del griego hórologion) para nominar todos los instrumentos con que medían las horas, ya fueran solares, de arena o de agua.

En general, los relojes de agua, o clepsidras, son imprecisos por dos evidentes razones:

 

  • El agua, al estar sujeta a evaporación, pierde volumen gradualmente y, con el tiempo, se vuelve fangosa e incapaz de fluir.

 

  • Porque, según las leyes de la hidrodinámica, la presión ejercida por el líquido en el fondo del recipiente disminuye a medida que también disminuye la cantidad de agua, lo que impide que ésta fluya a una velocidad constante.

 

No obstante, el Reloj de agua del Pincio no es una clepsidra (del griego klepsydra). Éste era el artilugio con el que los antiguos medían el tiempo por medio del paso de una cierta cantidad de agua de un recipiente a otro.

En realidad, se trata de un hidro-cronómetro: un fascinante reloj de precisión. Es un auténtico ingenio mecánico que funciona, no por la cantidad de agua que contenga, sino por la fuerza motriz de su fluir. Un ingenio que, además, nunca precisa ser “cargado”: le basta el flujo regular y constante de agua. De ahí que este Reloj de agua del Pincio también sea conocido como la Fuente del Hidro-cronómetro.

El hidro-cronómetro fue ideado e inventado por el fraile dominico Giovanni Battista Embriaco (1829-1903), profesor de Teología Moral en el Colegio de Santo Tomás (la actual Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, más conocida como Angelicum), de Roma.

 

Giovanni Battista Embriaco
Giovanni Battista Embriaco

 

Embriaco era un autodidacta apasionado por la relojería y la ingeniería. Estudió Mecánica aplicada a la relojería en el Convento de la Minerva (el actual Palazzo della Minerva, anexo a la basílica de Santa María Sopra Minerva), donde ejerció como Superior (Gobernador Provincial). Allí, combinando el esfuerzo científico con la energía de la naturaleza, ideó e inventó este sencillo y preciso instrumento.

En 1860, con la esperanza de que se le animase a perfeccionarlo y presentarlo públicamente, participó su invento a la Accademia Nazzionale dei Lincei (Academia Nacional de los Linces, via de la Llungara, 10). Y, obviamente, recibió el estímulo que necesitaba.

Presentó dos prototipos (sin timbre) de su hidro-cronómetro en la Exposición Universal de París de 1867, resultando aclamado y premiado. Su invento le reportó gran éxito, atrayendo de inmediato el interés de multitud de expertos internacionales. Éstos se hicieron con la patente para embellecer las fuentes públicas de sus ciudades.

Este hidro-cronómetro que hoy podemos ver en el Pincio está basado en el que presentara Embriaco en la Exposición Universal de París en 1867. Fue realizado en el taller de relojería mecánica de los hermanos Granaglia, de Turín, y se encuentra aquí desde el 6 de octubre de 1873, tras adquirirlo el Ayuntamiento de Roma para embellecer con él estos jardines.

El responsable de su instalación fue el entonces arquitecto municipal, romano de origen suizo, Gioacchino Ersoch (Joachim Ersoch, 1815-1902). Éste fue también quien diseño la estructura que lo contiene (de unos 4 m. de altura), realizada con hierro fundido. Tiene forma de pináculo rústico, semejando estar hecha con troncos y ramas de árboles.

Cuatro grandes diales (de unos 90 cm. de diámetro), dispuestos en la parte superior, permiten ver las horas (indicadas en numeración romana) desde cualquier dirección. Sus esferas, que semejan el corte transversal de un árbol, y la forma vegetal de sus agujas, le añaden esa apariencia natural que lo hace encajar armoniosamente con el entorno circundante.

 

RELOJ DE AGUA DEL PINCIO

 

Ersoch situó el hidro-cronómetro en el centro de un estanque artificial vallado, enclavado sobre un pequeño promontorio rocoso del que desciende abundantemente el agua: el verdadero motor de esta simple, pero exacta, máquina de relojería. Y en la parte trasera, dispuso un rústico puente de madera (hoy bastante deteriorado) para acceder a su mantenimiento. Toda una acertada disposición ajardinada, por la que fluyen varios riachuelos y cascadas, cubierta de frondosa vegetación. Con ella, Ersoch logró integrarla perfectamente en el entorno natural de Villa Borghese.

Además, un acristalamiento exterior protege todo el mecanismo, permitiendo apreciar la disposición interior de sus engranajes y el continuo fluir del agua que los activa.

Su funcionamiento se debe a la caída de agua, que se vierte en unos cangilones oscilantes, con forma de lirios. Éstos, al llenarse alternativamente, se vacían por su peso, haciendo oscilar uniformemente el péndulo central. Éste transmite el movimiento al resto de engranajes, activándolos con un perfecto isocronismo. Desde uno de los extremos del eje de estos lirios parte una varilla que transmite el movimiento a las agujas de los cuatro diales para señalar el tiempo. Además, una sencilla rueda dentada activa sendos martillos que, cada hora y cada cuarto de hora, para indicarlas, inciden respectivamente en las campanas superpuestas que coronan el instrumento.

En resumen: una maravillosa obra de ingeniería.

En el siguiente video puede apreciarse su simple funcionamiento:

 

           

 

Tanto en el frente como en la parte posterior, sendas losas de mármol (con idéntica inscripción) revelan su propiedad y autoría:

 

S.P.Q.R. – IDROCRONOMETRO IDEATO E CONSTRUITO NEL 1867 DAL PADRE DOMENICANO GIAMBATTISTA EMBRIACO

(SPQR – HIDRO-CRONÓMETRO DISEÑADO Y CONSTRUIDO EN 1867 POR EL PADRE DOMINICO GIAMBATTISTA EMBRIACO)

 

La fecha hace referencia al primer modelo presentado a la Exposición Universal de París de 1867. No obstante, las inscripciones son un reconocimiento a quien, a la sombra del claustro y en el silencio de una celda, promovió y cultivó el estudio de las ciencias físicas y mecánicas. Son, en suma, todo un testimonio de gratitud del Ayuntamiento de Roma al talento polifacético del padre Embriaco.

Se sabe que en 1906 el hidro-cronómetro dejó de funcionar. En 1925 fue reparado y se mantuvo en funcionamiento, al menos, hasta 1959. No obstante, en 1994 estaba muy deteriorado: invadido de algas y oxidado. Quizá el abandono y la negligencia le llevaran esta situación.

Sin embargo, desde 2004 su mantenimiento está confiado, altruistamente, al Centro Comunitario ELIS (vía Sandro Sandri, 81), una Escuela de Formación Profesional del Opus Dei en Roma. La idea, surgida del propio centro, fue explicada por el director del centro, Pierluigi Bartolomei, quien declaró su intencionalidad con estas palabras:

 

“Hace un par de años se nos ocurrió hacer algo útil para la ciudad de Roma… La idea con la que pedimos al Ayuntamiento de Roma la adopción del hidro-cronómetro del Paseo del Pincio fue proponer a nuestros estudiantes una empresa que los calificara, a pesar de su edad, como ciudadanos activos… Diagnóstico, terapia y cuidado diario, éstos son los ingredientes del éxito junto con mucha pasión y ganas de dejar huella”.

 

Así, entre 2005 y 2007 los alumnos del ELIS restauraron los elementos perdidos o deteriorados. También reconstruyeron otros (como las nuevas manecillas de cobre, más ligeras que las originales de hierro). Y gracias a su intervención, tras más de un siglo de inmovilidad, el Hidro-cronometro del Pincio volvió a funcionar. No obstante, en 2015 tuvieron que sustituirse los cristales que lo protegían, rotos por actos vandálicos. También se detuvo en 2017, pero sólo para labores de limpieza y mantenimiento.

Además de ser una maravillosa obra de la ingeniería del siglo XIX, es el único hidro-cronómetro de Italia emplazado en un parque público.

 

 

Como curiosidad, añadir que éste del monte Pincio es uno de los tres hidro-cronómetros del padre Embriaco con que Roma embelleció sus espacios públicos. Un segundo, que ornamentaba el patio del antiguo Ministerio de Finanzas, se retiró en la pasada década de 1960; al parecer fue trasladado a Inglaterra, pero se desconoce su concreta localización. El tercero aún decora el patio interior del actual Palazzo Berardi (Via del Gesù, 62).

Como todos los estanques y fuentes de Villa Borghese, anteriormente abastecidos por el Acqua Pía (el antiguo Acqua Marcia reconstruido), desde 1925 el Reloj de agua del Pincio está conectado también al Pescheira: el acueducto más moderno de Roma.

El arquitecto Ersoch también fue el encargado de embellecer, entre 1871 y 1889, los Paseos del Pincio, dotándolos de exquisitos entornos naturalistas, al gusto con los programas municipales de la época. Gracias a él hoy podemos admirar este encantador reloj, el Hidro-cronómetro del Pincio, y disfrutar de un inigualable espacio donde recrearse y relajarse en la Infinita Roma.

 

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