SAN PAOLO ALLE TRE FONTANE
BASÍLICAS E IGLESIAS

SAN PAOLO ALLE TRE FONTANE

La iglesia de San Paolo alle Tre Fontane (San Pablo en las Tres Fuentes) se encuentra en el interior de la Abadía delle Tre Fontane, y es el lugar más histórico y santo de todo el complejo monacal.

La abadía se ubica al final de la via delle Acque Salvie, un corto camino que se desvía ligeramente de la vía Laurentina. Es la antigua ruta que, desde Porta Ardeatina, unía Roma con Laurentum, una arcaica ciudad próxima a Ostia. Está enclavada en el paraje conocido como Acque Salvie, un pequeño y frondoso valle que debe su nombre a los numerosos manantiales allí existentes, algunos considerados fuentes sagradas en la antigüedad.

Algunos han supuesto que el topónimo deriva de la gens Salvia, supuestos propietarios de estas tierras a finales de la época latina; sin embargo, de existir, no hay noticias de este clan familiar después del 175 d.C.

No obstante, lo más probable es que el topónimo sea una clara referencia a la salvia, la planta medicinal que crecía abundantemente en el valle.

 

 

Por sus virtudes curativas, era muy apreciada por los romanos, que la consideraban “hierba de la salud”, teniéndola por símbolo de vitalidad y longevidad. De hecho, salvia (salvus) tiene la misma raíz latina que el verbo “salvar” (salvare) y el término “salud” (salus).

Dioscórides, Plinio el Viejo y Galeno ya la recomendaban por sus cualidades astringentes, hemostáticas, tónicas y diuréticas, así como por ser un excelente anestésico local para la piel y favorecedora de la menstruación (emenagoga). En la Edad Media llegó a ser tan apreciada que se referían a ella denominándola Salvia Salvatrix (Salvia Salvadora). Y era también uno de los ingredientes del conocido “vinagre de los cuatro ladrones”, una mezcla de hierbas que protegían contra las plagas.

El emperador Carlomagno llegó a recomendar su cultivo, sobre todo en los jardines de los monasterios. Por eso no es de extrañar su presencia aquí. De hecho, tras pasar el Arco de Carlomagno, un hermoso jardín nos da la bienvenida a la Abadía delle Tre Fontane.

 

ABADIA DELLE TRE FONTANE
Abadía Delle Tre Fontane

 

Los antiguos romanos recolectaban la salvia ritualmente, sin emplear objetos de hierro, vestidos con una túnica blanca y con los pies descalzos y bien lavados (en señal de pureza). Consideraban a la planta como sagrada, bien por estar dedicada o por considerarla atributo de la diosa Dea dia (“diosa de la luz”, una arcaica divinidad romana protectora de la agricultura y las cosechas, posteriormente identificada con Ceres).

Baste recordar que aquí había un arcaico templo dedicado a esta diosa Dea dia. El santuario estaba rodeado de un frondoso bosque donde fluían tres manantiales dedicados a ella, y, por tanto, considerados sagrados. Allí tenían lugar las purificaciones rituales (abluciones), donde, en honor de la diosa, cada mes de mayo se celebraba la Arvalia, la fiesta de los campos, que incluía, además, procesiones y sacrificios.

Como fue habitual con la llegada del cristianismo, para borrar el rastro de lo pagano, el santuario de Dea dia fue, lamentablemente, demolido y destruido. No obstante, las grandes columnas y arquitrabes de mármol que se encuentran a la entrada de la abadía bien pudieran haber pertenecido a él, y dan cuenta de la importancia que el imponente templo debió tener en la antigüedad.

Sobre el templo de Dea dia se levantó un pequeño oratorio (que luego daría lugar a la actual iglesia de Santa Maria Scala Coeli). Y las tres fuentes sagradas cercanas que enriquecían el templo de Dea dia, las referencias cristianas sostienen que brotaron milagrosamente tras la decapitación de San Pablo. Aquí la tradición cristiana choca directamente, por impropia, con la antigua mitología, donde, en el imaginario colectivo, las fuentes son prerrogativa exclusiva de lo femenino, sean ninfas o diosas.

Sea como fuere, las fuentes cristianas afirman que, tras su segundo juicio en Roma, San Pablo, el apóstol de los gentiles, fue condenado y sentenciado a muerte. Al ser ciudadano romano, su ejecución había de ser sólo por decapitación, precedida de la flagelación, y ambas debían de tener lugar fuera de los muros de Roma.

 

 

Las crónicas cristianas refieren que una mañana un grupo de soldados condujo al anciano apóstol al suplicio. Salieron de Roma por la Puerta Trigémina, una de las puertas (ya inexistente, próxima al Foro Boario) abierta en la antigua muralla serviana (siglo IV a.C.) y se encaminaron por la vía Ostiense. El cortejo, tras sobrepasar la Pirámide de Cayo Cestio (testigo impertérrito del paso de San Pablo camino del martirio), al llegar a la altura donde posteriormente se edificó la actual basílica de San Pablo Extramuros, se desvió a la izquierda (por un camino que hoy conduce a Árdea) hasta llegar al paraje conocido como Acque Salvie, junto al tercer miliario de Roma, en la actual vía Laurentina.

Aquí, en el bosque de Acque Salvie, fue flagelado y decapitado el apóstol San Pablo. Supuestamente fue decapitado el 29 de junio del año 67, a la sombra de un pino centenario.

Excavaciones realizadas en 1878 confirmaron la presencia de un pinar en esa zona:

 

“En una excavación bastante profunda realizada a pocos metros del lugar de la decapitación, estuvieron presentes testigos dignos de fe, se encontraron muchas piñas que la acción del tiempo y las reacciones químicas del suelo casi habían fosilizado, tres troncos puros de pino y una cierta cantidad de monedas antiguas de época de Nerón”.

 

Según la tradición, al ser decapitado, su cabeza rodó por la pendiente del terreno, rebotando tres veces en él. Y, en cada uno de los tres puntos donde la cabeza dio con el suelo, surgieron sendos manantiales. El primero era caliente, el segundo templado y el tercero frío.

De ello dejó también constancia, en 1571, el médico y escritor italiano Andrea Bacci. En su obra “De Thermis”, acogida con entusiasmo por la sociedad científica de la época y objeto de sucesivas reimpresiones, informó que las aguas de estos manantiales eran «espesas, humeantes y algo cálidas» (crassae, fumosae et cum aliquali tepore).

La tradición sostiene que, tras ser ejecutado, el cuerpo de San Pablo fue recogido por una devota matrona romana llamada Lucina. Esta noble romana, con su hacienda, proveía las necesidades de los cristianos, visitaba a los encarcelados, y se ocupaba de dar sepultura a los mártires. Al parecer, enterró cristianamente al apóstol en una sencilla sepultura, junto a nichos y fosas para pobres y esclavos liberados, en una gruta que había hecho construir en una finca de su propiedad. La finca era conocida como «Praedio Lucinae«, y se hallaba junto a la vía Ostiense, a poco más de una milla de Roma.

No obstante, durante las persecuciones de Valeriano (257 d.C.), al prohibir éste cualquier acto de culto en los cementerios cristianos, las tumbas de los apóstoles se vieron amenazadas con la profanación. Por ello, el 29 de junio del año 258, los restos de San Pablo y de San Pedro se trasladaron, desde sus respectivas tumbas, a un cementerio que entonces no se consideraba de cristianos. Era el conocido como Ad Catacumbas, y estaba más recogido, situado al principio de la muy transitada via Appia. Este lugar, convertido así en centro de culto simultáneo de ambos apóstoles, se renombró como Memoria Apostolorum. Allí se erigiría posteriormente una primera iglesia, la Basilica Apostolorum, que más tarde se transformó en la actual basílica de San Sebastián Extramuros.

A principios del siglo IV llega Constantino I al poder y, con él, la libertad de culto. Entonces, con el objetivo de custodiar debidamente las reliquias y facilitar su veneración, se decidió edificar sendas basílicas sobre sus antiguas tumbas. En el caso de San Pablo, fue el propio emperador Constantino quien, sobre la primitiva sepultura de éste en la vía OstiensePraedio Lucinae«) edificó, en el año 324, una primera Iglesia. Esta sería, con el tiempo, la actual basílica de San Paolo fuori le Mura (San Pablo Extramuros).

En el lugar de su martirio, donde la tradición cristiana refiere que surgieron tres manantiales tras la caída de la cabeza decapitada de San Pablo, se construyeron sendos edículos y se erigió un pequeño oratorio o santuario devocional, centrado en las tres fuentes.

Hay constancia de que este pequeño oratorio consistía en un pequeño atrio que conducía a dos capillas. Fue restaurado o reconstruido en iglesia por el Papa Sergio I (688-689). Un epígrafe fragmentado hallado en un plutei (petril) de mármol, dejó constancia de esa restauración:

 

“AC PALMA POSITA EST TEMPORIB [US] SERGII PAPA [E], ANNU SECUNDU [SIC]”

“EL PETRIL SE COLOCÓ EN TIEMPOS DEL PAPA SERGIO, EL SEGUNDO AÑO (en 589)”.

 

Tras múltiples construcciones y restauraciones, se reconstruyó completamente en el siglo XVI, y es la actual iglesia de San Paolo alle Tre Fontane. Aunque situada dentro de los muros de la abadía, la administra el clero diocesano (los “hermanos trapenses” del monasterio no están a su cargo).

 

SAN PAOLO ALLE TRE FONTANE

 

La iglesia, también conocida como San Paolo al Martirio, está enclavada en el punto más elevado del complejo monacal de Acque Salvie. Se llega a ella a través de un pequeño camino arbolado que discurre entre las iglesias de los Santos Vincente y Anastasio y de Santa Maria Scala Coeli.

Tal como la vemos hoy, fue edificada, tras demoler la iglesia preexistente, a instancias del cardenal Pietro Aldobrandini (sobrino del Papa Clemente VIII), entonces abad in commendam de la Abadía delle Tre Fontane, y es obra del arquitecto y escultor Giacomo della Porta, quien la construyó entre 1599 y 1601.

No obstante,  en 1867, en tiempos del Papa Pío IX, se efectuó una importante restauración, que también incluyó la colocación de las actuales vidrieras.

La fachada es una elegante alternancia de ladrillo y travertino, utilizados también en los elementos decorativos del portal, cornisas y capiteles.

Sobre el tímpano de la fachada están las estatuas de San Pablo y San Pedro, obras del escultor francés Nicolas Cordier (“Franciosino”). Éste fue un excelente tallador de madera y restaurador de mármoles antiguos, máximo exponente del “manierismo” tardío.

Bajo el tímpano, en una placa adornada con guirnaldas y una cabeza de putto, consta la siguiente inscripción:

 

“S [ANCTI] PAULI APOSTOLI MARTYRII LOCUS, UBI TRES FONTES MIRABILITER ERUPERUNT”

(LUGAR DEL MARTIRIO DE SAN PABLO APÓSTOL DONDE BROTARON MILAGROSAMENTE TRES MANANTIALES).

 

El propileo de entrada es un monumental pórtico que da acceso al vestíbulo. Está formado por dos pares de pilastras jónicas de ladrillo que sostienen un entablamento y un frontón triangular con modillones. En el friso, ensalzando la figura del impulsor de la obra, está inscrito:

 

“PETRUS DIAC [ONUS] CAR [DINALIS] ALDOBRANDINUS S [ANCTAE] R [OMANAE] E [CCLESIAE] CAMER [ARIUS] F [ECIT]”

(HECHO POR EL CARDENAL PEDRO ALDOBRANDINI, DIÁCONO DE LA SANTA IGLESIA ROMANA).

 

La puerta de acceso está enmarcada con mármol moldeado; en el frontón superior está grabada la fecha de construcción del templo: “A . D . MDIC” (1590)”, flanqueada por dos estrellas (emblema familiar de los Aldobrandini).

El interior es sencillo. Se accede a él por un vestíbulo que da a la única nave, transversal a la entrada, con dos capillas laterales y un ábside al fondo de la nave.

El piso del vestíbulo está decorado con un delicado mosaico cosmatesco, realizado en mármol policromado con pórfido púrpura e inclusiones serpentinas verdes. Supuestamente, procede de la primitiva iglesia (posiblemente del siglo VII), y, tras restaurarlo, se recolocó aquí en la restauración efectuada en 1867.

 

 

En la luneta superior, sobre la puerta de entrada, hay un fresco donde se representa el entierro del apóstol San Pablo en la vía Ostiense, en la finca de la matrona romana Lucina, donde posteriormente se edificaría la actual basílica de San Paolo fuori le Mura.

 

interior san paolo alle tre fontane

 

Debajo hay un registro donde consta la edificación de la iglesia por el cardenal Aldobrandini. Sus emblemas están convenientemente distribuidos por todo el interior de la iglesia.

Los muros laterales están decorados con dos relieves que representan los martirios de San Pablo y de San Pedro. Los donó el Papa Pío IX, cuando se restauró la iglesia en 1867.

 

  • El primero conmemora el XVIII Centenario del martirio de San Pablo.

 

 

  • El otro, con el martirio de San Pedro, conmemora la victoria del ejército pontificio tras derrotar a las tropas de Garibaldi («IN MEMORIAM VICTORIAE AD NOMENTUM») el 3 de noviembre de 1867.

 

 

 

El piso de la nave central está adornado con un precioso mosaico policromado, del siglo II. En él se representan las imágenes alegóricas de las Cuatro Estaciones, acompañadas de sendas inscripciones:

VER (primavera) – AESTAS (verano) – AUTU (MNUS) (otoño) – HIEMS (invierno).

 

 

Según los archivos de la iglesia, procede de un Mithraeum cercano al Palacio Imperial de Ostia Antica, y lo donó el Papa Pío IX (Giovanni Maria Mastai-Ferreti, Papa de 1846 a 1878). Éste lo hizo traer a la iglesia cuando la restauró en 1867.

No obstante, fuentes eruditas sostienen que en el Mithraeum referido tan sólo había mosaicos en blanco y negro. Además, las estaciones nunca han tenido nada que ver con el simbolismo mitráico.

Sin embargo, la representación de la sucesión de las estaciones sí guarda una evidente correspondencia con la agricultura. Ello ha llevado a suponer que el mosaico debió de formar parte de la decoración del antiguo santuario que aquí hubo, dedicado a la Dea dia (aún pagano en el siglo II d.C.). Por ello, su presencia en un templo dedicado a un apóstol no está nada clara, y sigue siendo objeto de controversia.

Frente al vestíbulo de entrada, alineadas a lo largo del muro de la nave, se ubican las tres fuentes que dan nombre a la iglesia. Están separadas a igual distancia unas de otras, pero a diferentes niveles del piso, dando así testimonio de la primitiva pendiente del lugar.

 

 

Las tres fuentes se disponen en sendos edículos, diseñados por Giacomo della Porta en forma de tabernáculos. Están enmarcados con columnas de pórfido negro, al parecer procedentes de la isla griega de Quíos, y rematados con una cuenca de mármol en forma de concha. Sendos bajorrelieves de la cabeza de San Pablo, realizados por Nicolás Cordier, adornan cada sagrario; lamentablemente, uno de ellos fue robado.

Hay quien sostiene que estas columnas de pórfido negro proceden de Egipto. Y, de ser así, no eran accesibles tras la caída del Imperio, cuando se edificó la primitiva iglesia. Ello ha llevado a los investigadores a suponer que bien pudieran ser remanentes del anterior templo pagano de la diosa Dea dia, próximo a esta iglesia.

Aquí, el constante gorgoteo de los manantiales inundaba la iglesia, pues el agua, considerada medicinal (milagrosa en algunos casos) se distribuyó a los fieles hasta 1950, cuando su flujo se cerró al advertirse que estaba contaminada.

Detrás del edículo de la fuente central, en el muro del ábside, hay un fresco en que se representa el martirio de San Pablo. Sobre él está la «Gloria del Apóstol», donde el alma de San Pablo es presentada a la Santísima Trinidad por el protomártir Esteban (interpretando una revelación de Santa Maria d’Oigny).

 

san paolo alle tre fontane

 

El fresco de la luneta superior representa a San Pablo en Cesarea frente al gobernador romano Festus Porcio. Cuando San Pablo fue allí detenido, apeló al César por ser ciudadano romano, y Festo le respondió: «Apelaste a César, irás a César».

La iglesia tiene dos altares, dispuestos en ábsides, uno frente a otro, coronados con tímpanos sostenidos por preciosas columnas de mármol rosa y blanco:

 

  • En el altar dedicado a San Pedro (izquierda) hay un moderno lienzo de la “Crucifixión”. Se trata de una copia del original, de Guido Reni (1575-1642), que los franceses se llevaron a París tras el Tratado de Tolentino (19 de febrero de 1797). Este original, recuperado en 1815, hoy se conserva en la Pinacoteca Vaticana.

 

  • En el de San Pablo hay un retablo donde se representa “El martirio de San Pablo”, de Bartolomeo Passarotti.

 

Junto a la primera fuente, en la esquina trasera izquierda de la nave, protegida por una verja metálica, se halla una antigua columna truncada. Según la tradición, se trata de la columna a la que se ató al Apóstol durante su martirio.

 

san paolo alle tre fontane

 

Hay quien apunta que es tan sólo una pieza que se expolió de antiguas ruinas romanas, de procedencia desconocida. Por ello la consideran un detalle agregado tardíamente para fomentar la leyenda tradicional.

Sea como fuere, se la tiene y venera como la columna a la que San Pablo estuvo atado durante su martirio. El lugar donde flageraron y decapitaron al apóstol.

San Paolo alle Tre Fontane es, desde sus inicios, un importante centro de peregrinación. Aquí la Historia se funde y se confunde con mitos, leyendas y tradiciones.

Pese a su “modernidad”, el entorno que la envuelve y las piedras sobre las que se erige son testigos de la Historia: de la historia de Roma y de la historia de la Iglesia.

Y la Historia hay que conocerla, verla, apreciarla y disfrutarla. Pero, sobre todo, compartirla y divulgarla. Este es nuestro mayor deseo. Quede.

 

 

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