LA MADONNA DELL'ARCHETTO
BASÍLICAS E IGLESIAS

LA MADONNA DELL’ARCHETTO

La Madonna dell’Archetto es la iglesia más pequeña de Roma. En ella se venera, cual santuario, una imagen de la Virgen María, originariamente conocida como “Mater Misericordiae” y luego llamada “Causa Nostrae Laetitiae” (Causa de Nuestra Alegría).

Se encuentra al final de un estrecho callejón (vicolo dell’Archetto) que anteriormente conectaba la via di San Marcello con la Via dell’Archetto. Al Sur del callejón, ocupando toda la manzana, se encontraba Palazzo Balestra (también conocido como Palazzo Mutti), según estaba tallado sobre la entrada. Balestra significa “ballesta” en italiano, y posiblemente de ahí provenga la actual denominación de “archetto“ (“arco pequeño”).

Según las crónicas de finales del siglo XVII, el referido callejón era un lugar oscuro y “muy infame”. Por ello, para amparar tanto dolor como allí de ordinario se producía, la marquesa Alessandra Mellini, cuya residencia colindaba con él, decidió colocar allí, altruistamente, una “madonelle”. Y quiso que la obra fuese copia de un icono de la Virgen que se hallaba en un monasterio cercano (hoy desaparecido), donde residía una pariente suya. Para ello eligió a uno de los grandes pintores del momento: el boloñés Domenico Maria Muratori (1661-1742).

 

Madonna dell'Archetto
Madonna dell’Archetto

 

Inspirado en aquel icono, que pintara “Il Sassoferrato” (Giovanni Battista Salvi, 1609-1685), Muratori realizó en 1690 la copia solicitada. La obra (58×50 cm. y unos 40 kg.), pintada al óleo sobre una gran teja (tegola), representa el busto de la Virgen María, joven y sin el Niño. Una vez concluida, la imagen se colocó en uno de los altos muros del callejón que pertenecía a la noble familia romana.

ICONO MILAGROSO

Originalmente era una más de las muchas “madonelle” que hoy ornamentan las calles de la devota Roma. Sin embargo, un hecho prodigioso ocurrió en 1696: la Virgen movió los ojos, y este hecho atrajo a muchos curiosos. Ello llevó a la marquesa a reubicarla bajo el arco del callejón que conformaban los dos palacios adyacentes. Y le construyó un pequeño edículo (tabernáculo, llamado “kiosko” por los italianos) para exponerla mejor a la veneración pública.

El lugar pronto se convirtió en centro de devoción popular. Muchos peregrinos acudieron a venerar la imagen, incluido quien luego sería San Benito José Labre (famoso vagabundo y penitente, beatificado en 1860). Y allí dejaban multitud de ofrendas a la Virgen, algunas de ellas valiosas.

En 1751 se construyeron sendas puertas en cada extremo del callejón (vicolo) para poder cerrarlo por las noches. Ello con la finalidad de evitar que fuesen robadas las numerosas ofrendas votivas (exvotos) allí depositadas. Desde entonces, el icono se conoció como “Maria Santissima Causa Nostrae Laetitiae”.

El sábado 9 de julio de 1796, en presencia de numerosos testigos, el milagro volvió a ocurrir: la “Madonna dell’Archetto” volvió a mover los ojos, cerrándolos y abriéndolos en breves intervalos de tiempo. Los allí presentes, enfervorecidos, comenzaron a gritar, lo que provocó que una inmensa multitud se agolpase ante la imagen. El evento volvió a repetirse instantes después, y todos los allí congregados pudieron presenciarlo. E incluso se vio a la Virgen llorar.

El hecho, que también fue advertido en otras “Madonelle” de la ciudad, perduró hasta el mes de agosto. Tras un riguroso proceso apostólico, el “milagro” fue reconocido como auténtico. Y se interpretó como el temor expresado así por la Virgen ante la inminente invasión francesa del Estado Pontificio, que finalmente acaeció dos años más tarde: cuando Napoleón se personó al frente de sus tropas y ocupó Roma (1798).

Siguieron años revolucionarios, y las instituciones de entonces intentaron prohibir las reuniones de devotos ante estos “kioskos” marianos. Pretendían con ello cortar de raíz la propagación de hechos milagrosos a ellas vinculados. Sin embargo, pocos años después, durante la epidemia de cólera que azotó la ciudad en el verano de 1837, al igual que otras imágenes de la ciudad, la Madonna dell’Archetto volvió a mover los ojos. Ello hizo que el pueblo acudiera nuevamente en masa ante la imagen de la Virgen.

CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA

Por ello, a mediados del siglo XIX, los descendientes de la marquesa que encargara el icono, propietarios entonces del Palazzo Balestra decidieron transformar el “kiosko”. Idearon, encajándolo en el callejón, un diminuto templo donde poder custodiar más dignamente la milagrosa imagen.

 

MADONNA DELL'ARCHETTO

 

Y encargaron el proyecto al arquitecto romano Virginio Vespignani (1808-1882): el resultado fue un pequeño santuario (2 x 4 metros), pero una verdadera joya del arte neoclásico. Tan bonita es que ha sido declarada Monumento Artístico Nacional.

El templo, con un único acceso, es de planta de cruz latina, y cuenta con un excelente suelo de mármol policromado. La única nave está cubierta por una bóveda de cañón, y ornamentada con frescos de Constantino Brumidi. El techo está finamente decorado con estucos dorados, ángeles, putti y símbolos de la Santísima Virgen. En él también puede verse el escudo de armas de la familia Savorelli, patrocinadores de la obra.

La nave la decoran, alojadas en sus respectivos nichos, diez estatuas de ángeles, representados como cariátides. Son obras del escultor Luigi Simonetti , realizadas en yeso. En los dos brazos laterales, protegidos por puertas con lunetas, se guardan los múltiples exvotos realizados por los devotos a la sagrada imagen.

 

INTERIOR LA MADONNA
Interior de La Madonna dell’Archetto

 

En el pequeño ábside, flanqueado por dos cariátides más en sendos nichos laterales, se ubica el único altar. Sobre él, en un precioso tabernáculo dorado con el monograma “Ave María”, se halla el icono de la Virgen María, ya renombrada como Madonna dell’Archetto.

El presbiterio está coronado con una preciosa cúpula que, pese a su limitado tamaño, es de una apariencia grandiosa. Su artesonado, de ocho sectores, está decorado con preciosas tallas de madera pintadas al fresco por el pintor italo-estadounidense Costantino Brumidi (1805-1880).

 

CUPULA

 

En él pueden verse:

 

  • la imagen de la Inmaculada Concepción, en el centro;
  • en los sectores más anchos, cuatro óculos (ventanas circulares, dos de ellas “ciegas”); y ángeles alados en los otros cuatro sectores;
  • en las ménsulas (pechinas que sujetan la cúpula), las “Virtudes” de la Virgen María: Sabiduría, Fortaleza, Prudencia e Inocencia.

 

Como curiosidad, señalar que Costantino Brumidi fue quien, años más tarde, en 1865, decoró la cúpula del Capitolio (Washington, EE.UU.). Allí pintó, además de otros espacios, el colosal fresco “Apoteosis de Washington”, que le reportó el sobrenombre de “el Miguel Ángel de los Estados Unidos”.

La angosta fachada está encajada en los altos muros de los edificios laterales. Allí se abre la única puerta de acceso al santuario, flanqueada por un par de pilastras dóricas  que sostienen el entablamento superior. En él, sobre la misma puerta, de las impostas dóricas laterales surge un arco, ornamentado con forja y donde se muestra el monograma “AM” (Ave María).

Sobre el entablamento está inscrita la dedicatoria del templo. En ella se lee:

 

“MARIAE DOMINAE NOSTRAE, ALEXANDER MUTIUS, DE PAPPACIURRIS MARCH [ESUS], ANTEA SAVORELLIUS COMES,

CELLULA AMPLIATA, THOLO SUPERSTRUCTO, A FUND [AMENTIS] REFECIT, EXORNAVIT AN [NO] A [CTIONIS] P [ARTUS] V [IRGINIS] MDCCCLI.”

(«A MARÍA NUESTRA SEÑORA, ALEXANDER MUTI, MARQUÉS DE PAPPAZZURRI ANTES CONDE SAVORELLI,

HABIENDO SIDO AMPLIADO EL PEQUEÑO SANTUARIO Y CONSTRUIDO UNA CÚPULA EN LA PARTE SUPERIOR, RESTAURADO Y DECORADO DESDE LOS CIMIENTOS EN EL AÑO DESDE QUE LA VIRGEN DIO A LUZ 1851»).

 

Unas simples campanas, colgadas de la cornisa exterior, constituyen el “minimalista” campanario de la iglesia.

El santuario se inauguró solemnemente el 31 de mayo de 1851, con la asistencia, además, de muchos cardenales y otras autoridades. No obstante, la iglesia no fue abierta al público hasta 1859.

LA MADONNA DELL’ARCHETTO EN LA ACTUALIDAD

Desde 1870 se sucedieron varios años de abandono, que concluyeron en 1918. Desde entonces el santuario está regentado por la asociación romana “Sociedad Católica Primaria”. La principal labor de esta asociación, como promotora de las “buenas obras” en Roma, consiste en administrar el santuario, que es su sede principal.

En 1946, el icono de la Madonna dell’Archetto fue coronado solemnemente. Esto implicó fijarle un plato con joyas, en forma de corona. Un ceremonial también realizado a otros muchos famosos iconos romanos de Nuestra Señora hasta mediados del siglo XX. Desde entonces, esta práctica ha decaído completamente, y la mayoría de las coronas se han eliminado, incluida ésta. No obstante, a la Madonna dell’Archetto se le ha permitido conservar su pequeña cruz pectoral de oro y su cadena.

En 1950, y a instancias del mismo Papa Pío XII, la iglesia se restauró con motivo del Año Jubilar. La última restauración integral se realizó entre los años 2014 y 2015, y con ella el templo ha retornado a su primer esplendor.

La iglesia está abierta todos los días para el rezo del Rosario (de 18:00 a 20:00 h.), y celebra misa los domingos y festivos a las 19 h.

Además, cada segundo domingo de julio se conmemora el milagro de la Madonna dell’Archetto. Y también se celebra solemnemente el Nacimiento de Nuestra Señora (8 de septiembre).

 

SI QUIERES SABER MÁS…

Quienes estén aún más interesados en el “milagro” de esta Madonna dell’Archetto pueden ilustrarse leyendo el libro “Gli occhi di Maria” (“Los ojos de María”), publicado en 2001.

 

 

Sus autores, muy bien documentados, son los periodistas italianos Rino Cammilleri (n/ 1950) y Vittorio Messori (n/ 1940). De lectura sencilla y amena, el libro describe:

 

“En el verano de 1796 ocurren en Roma extraños acontecimientos: muchas “madonelle” mueven sus ojos, lloran, cambian el rostro … El fenómeno, simultáneo en otras ciudades de Italia, es interpretado por los contemporáneos como el preludio de la llegada a la Ciudad Eterna de las tropas napoleónicas. Efectivamente, Napoleón avanza asolando el estado pontificio, sembrando el terror a su paso con saqueos y devastaciones. Pero al llegar a Roma, contemplando una de las imágenes divinas, …”

 

El texto es un exhaustivo y pormenorizado relato de los “milagros” acontecidos. Contiene testimonios fidedignos de quienes los presenciaron, creyentes y no creyentes; y también de hombres doctos y hombres de ciencia. Su contenido, en su mayor parte, está extraído de los rigurosos procesos abiertos por la misma Iglesia para evitar el fraude. Al descartarse que lo sucedido no respondía a una sugestión colectiva, se llega a una única conclusión: la misma Virgen María quiso testimoniar así su protección a la Ciudad Santa.

Se puede adquirir la versión en español, publicada con el título “LOS OJOS DE MARÍA, UNA HISTORIA VERDADERA DE FE Y MISTERIO” (Ed. Styria, 2007).

 

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