IGLESIA DOMINE QUO VADIS
BASÍLICAS E IGLESIAS

IGLESIA DEL DOMINE QUO VADIS

La iglesia del Domine Quo Vadis se construyó en el lugar donde, según la tradición cristiana, Jesús se apareció a San Pedro cuando éste huía de Roma para escapar del martirio.

La “Leyenda Áurea”, un manuscrito del siglo XIII escrito (en latín) por el arzobispo de Génova (el dominico Jacobo de Vorágine), describe muy detalladamente el episodio (basado en una anterior leyenda apócrifa del siglo II d.C.) en que el apóstol Pedro, huyendo de las persecuciones cristianas del emperador Nerón (año 64), temeroso de lo que pudiera sucederle, salió de Roma por la Vía Apia. En el trayecto se encontró de frente con la figura de Jesucristo que, cargando la cruz, se interponía en su camino. Sorprendido, Pedro le preguntó:

 

DOMINE, QUO VADIS?

 

A lo que Jesús respondió:

 

VENIO ROMAM ITERUM CRUCIFIGI.

 

San Pedro, avergonzado de su huida, retornó a Roma a enfrentarse con su inevitable destino, y allí fue inmediatamente detenido y condenado. Cuando iba a ser crucificado dijo que no era digno de morir como su maestro, por lo que los romanos optaron por crucificarlo cabeza abajo. Según la tradición, el martirio tuvo lugar en el «Monts Aureus» (Gianicolo). Allí erigirían los Reyes Católicos (junto a la actual iglesia de San Pietro in Montorio) un templete circular, cuya cripta se eleva sobre el hoyo en el cual se alzó la cruz. Tras su muerte, los restos del Apóstol fueron enterrados junto al antiguo Circo de Nerón, donde más tarde se construyó la primitiva Basílica Vaticana. De todo ello, hablaremos muy pronto.

La tradición también recoge que en el lugar del encuentro quedaron grabadas las huellas de Cristo. No es difícil “tropezar” con ellas, pues la losa que las contiene está en el centro del suelo de la iglesia (sobre un tramo original de la antigua Vía Apia, que entonces discurría por allí).

 

 

Como no podía ser de otra manera, las huellas de los pies están orientadas hacia la izquierda, hacia Roma. No obstante, la losa que actualmente se expone en la iglesia es una réplica (la original se custodia en la cercana basílica de San Sebastián Extramuros).

En la iglesia, en la pared de derecha, una inscripción en mármol recoge explícitamente la tradición. Traducida, reza:

 

IGLESIA DOMINE QUO VADIS

 

“Esta iglesia está dedicada a Santa María de las Plantas, más comúnmente denominada Domine Quo Vadis. Se denomina de las Plantas por la aparición de nuestro Señor a San Pedro, cuando este glorioso apóstol,  persuadido, más bien obligado por los cristianos al salir de la cárcel, a alejarse de Roma, se encaminó por esta Via Appia y llegado a este lugar se encontró con nuestro Señor que caminaba hacia Roma, en cuya presencia, asombrado, le dijo: SEÑOR, ¿A DÓNDE VAS?, y le contestó: VENGO A ROMA PARA SER NUEVAMENTE CRUCIFICADO.

Enseguida entendió San Pedro el misterio y se acordó que le predijo una muerte semejante cuando le encomendó el gobierno de su Iglesia, y dando la vuelta regresó a Roma, y el Señor desapareció, y desapareciendo, dejó marcadas las huellas de sus plantas en una piedra del pavimento de la calzada, y de esto tomó la iglesia el sobrenombre “de las Plantas”, y por las palabras de San Pedro tiene el nombre de «Quo Vadis«. En medio de ésta está colocada la forma expresiva de las plantas de nuestro Señor, sacada de esa piedra en la que por él fueron impresas, que actualmente se conserva en la iglesia de San Sebastián”. (Pasquale Falusca da Montasola, ermitaño. Año 1830).

 

Debido a esa secular piedra, como consta, la iglesia fue nombrada Santa María in Palmis (Santa María de las Plantas). Pero también fue conocida como Santa María delle Palme, Santa María ad Passus, o Santa María ad Transitum. Estos nombres se mantuvieron hasta el siglo XVII, fecha en que asumió su nombre actual.

No obstante, otros sostienen que esas  “huellas” de pies son un exvoto de un santuario pagano que hubo en el lugar anteriormente. Al parecer, allí hubo un sacellum (pequeño altar o santuario) sagrado que los antiguos dedicaron a Dio Redicolo. Éste era el dios del Retorno romano (del verbo latino redeo = volver), al que solían ofrendar exvotos (en este caso, huellas grabadas en piedra) cuantos habían de emprender (por supuesto, a pie) largos y peligrosos viajes, y quienes, tras regresar, querían agradecer al dios su feliz retorno.

La leyenda refiere que el origen de ese sacellum se remonta a tiempos del cartaginés Aníbal (hacia 215 a.C.), cuando éste asediaba la indefensa Roma. Según los romanos, cuando se aproximaba a la ciudad por la via Apia, Aníbal se vio obligado a detener su avance, espantado ante la aparición aterradora de un dios que le hizo desistir del asalto y retroceder con todo su ejército. Los romanos, pasado el peligro, quisieron corresponder a la divina ayuda erigiendo en su honor (en ese mismo lugar donde Aníbal se vio obligado a detenerse) un pequeño templo. Pero como desconocían la identidad del celestial benefactor, lo dedicaron a Dio Redicolo.

Aunque hoy se desconoce la precisa ubicación del templo que le erigieron, hay quien sostiene que es el actual sepulcro de Annia Regilla. Pero, realmente, salvo la proximidad, no existe tal correspondencia, pues esa asignación, al parecer, es fruto de un error identificativo cometido por eruditos del siglo XVIII.

No obstante, la mayoría de historiadores mantienen que la iglesia se edificó sobre un anterior y pequeño santuario pagano que allí mismo hubo. El motivo de la construcción cristiana fue, como era habitual entonces, para borrar los rastros del anterior templo pagano.

Entre lo que la Tradición recoge y lo que contiene la Leyenda, la losa con la huella de los pies está y la iglesia existe. Quede al arbitrio del lector su libre interpretación.

La actual iglesia del Domine Quo Vadis, regentada por religiosos de la congregación de San Miguel Arcángel (cuyo Convento está anexo), es fruto de la reconstrucción que se efectuó en el siglo XVI sobre una anterior capilla del siglo IX. Tras una devastadora tormenta que la arrasó a principios del siglo XVII, el cardenal Francesco Barberini la reconstruyó en 1637. De entonces es también la actual fachada: un sencillo portal de acceso sobre el que se sitúa un gran ventanal enmarcado por un gran frontón triangular con el escudo de armas del cardenal.

El interior de la iglesia, de pequeñas dimensiones, presenta una sola nave, con un pequeño ábside y dos hornacinas laterales.

 

iglesia domine quo vadis

 

El Altar Mayor, presidido por la Madonna del Tránsito, está flanqueado con frescos donde se representan las Crucifixiones de Jesús y de San Pedro. El resto está sencillamente decorado con otros frescos sobre los encuentros de Jesús y San Pedro en la via Apia. También hay una representación de San Francisco y una vista panorámica de Roma con sus innumerables iglesias.

 

 

A título conmemorativo, en la iglesia del Domine Quo Vadis también se expone el busto en bronce del escritor polaco Henryk Sienkiewicz (1846-1916), autor de la insigne obra «Quo Vadis?«, la famosa novela histórica con la que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1905.

 

 

La obra, publicada en 1896, está ambientada en la Roma de Nerón (año 63 d.C.). En ella se narran las vicisitudes de multitud de personajes, y se describe, con magistral habilidad, el contraste entre la aristocracia romana, con sus excesos y frivolidades, y los primeros cristianos, perseguidos y martirizados por un despótico Nerón (que hasta llegó a acusarles del incendio de Roma).

 

QUO VADIS

 

Muchos críticos han querido ver en “Quo Vadis?” una metáfora política de la Polonia en que vivió su autor, sojuzgada por el imperialismo de Rusia y su Zar (el Nerón polaco). Equiparaban así a quienes se alzaron contra la ocupación rusa con los primeros cristianos perseguidos por Roma.

Nada más publicarse, Quo Vadis? se convirtió en un clásico de la literatura, y se ha llevado al cine en diversas ocasiones.

 

 

Destaca la homónima versión cinematográfica (1951), dirigida por Mervyn LeRoy y protagonizada por Robert Taylor, Deborah Kerr y Peter Ustinov. Simplemente maravillosa…

 

 

 

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