
LA VELATA EN ROMA: LA INCREIBLE HISTORIA DE LA VIRGEN VESTAL TUCCIA
La Velata (La Velada), así se conoce en Roma esta imponente estatua de Tuccia (o Tuscia) una de las sacerdotisas encargadas de atender el arcaico Templo de Vesta.
HISTORIA DE LA VIRGEN VESTAL TUCCIA
Recoge la tradición que cierto día, al haberse apagado el fuego sagrado de Vesta, alguien acusó a la Virgen Vestal Tuccia de ello. Y como ésta no supo o no pudo alegar motivo alguno de tal extinción, fue injustamente calumniada de haber violado el voto de castidad.
Recordemos que, en la antigua Roma, las Vírgenes Vestales profesaban su sacerdocio bajo un estricto deber de castidad. Y la pena para quien mancillaba su virginidad era ser enterrada viva. Su muerte no era sólo un castigo, sino también una ofrenda de “expiación”: la única forma de recuperar el favor divino (pax deorum), pues éste se había perdido al ser mancillado. Si el delito no era así expiado, se presuponían terribles consecuencias para la comunidad. Ovidio (Fastos, Libro VI, 459) explica el porqué de ese castigo:
“Así perece la que es impura, pues se la mete en la tierra que ha violado, y es que la Tierra y Vesta son una misma divinidad”.
Ante tan vaga e injusta difamación, Tuccia optó por disipar las dudas con los hechos. Así, pidió demostrar su inocencia instando el favor de la misma diosa a la que servía. Y, tras coger un cedazo, con temeraria audacia formuló la siguiente súplica propiciatoria:
“Oh Vesta, si es cierto que he llegado siempre hasta tus sagrados altares con mis manos puras, haz que con este utensilio pueda sacar agua del Tíber y llevarla hasta tu santuario”.
El Pontífice accedió a ello; y acto seguido, acompañada de gran multitud, se dirigió hacia la ribera del Tíber. Allí, tras sumergir en las aguas del río el cedazo que portaba, lo sacó lleno de agua; y sin derramar una gota, lo llevó al Templo de Vesta, donde la arrojó a los pies del Pontífice.
Así, ante el asombro de todos, venciendo las leyes de la naturaleza gracias a la intersección de la diosa Vesta, Tuccia demostró su inocencia y logró su salvación.
Del acusador nada más se supo, pues, a pesar de una gran búsqueda, no fue hallado ni vivo ni muerto. Y, desde entonces, no sólo quedó Tuccia libre de toda culpa, sino que se consideró la más casta y santa de entre todas las mujeres de su época.
Estos hechos los data el historiador latino Plinio el Viejo, quien los sitúa, según el antiguo calendario romano, en el año 609 de la ciudad (ab urbe condita). Por tanto, según el cómputo de nuestro actual calendario gregoriano, debieron acontecer en el transcurso del año 145 a.C.
Los escritores e historiadores antiguos recogieron en sus obras tan portentoso evento. Y, pese a los escépticos, el prodigio protagonizado por la Vestal Tuccia ha perdurado a lo largo de los siglos.
Es más, incluso el insigne humanista y poeta italiano Petrarca, dedicándole unos versos, lo popularizó. Podemos encontrarlos en su obra “Los Triunfos” (Triunfo de la Castidad); traducidos al castellano, rezan:
Allí la virgen de Vesta,
por purgarse y dar ejemplo
de su infamia deshonesta,
agua en cribo trajo presta
desde el Tíber hasta el templo.
LA ESCULTURA DE LA VELATA
Una imagen icónica de la Virgen Vestal Tuccia es la esculpida entre 1743 y 1747 por el paduano Antonio Corradini (1668-1752).
Cuando el artista se trasladó a Roma, instaló su taller en un callejón junto al actual Palacio Barberini. Ésta fue su primera obra en la ciudad, con la que pretendía darse a conocer y hacerse un hueco en el mundo del arte de la imperante Roma. Sobra decir que lo consiguió, pues con esta escultura logró deslumbrar a los romanos de la época.
Tanto fue así, que el mismo pretendiente al trono de Inglaterra, Jaime III (James Francis Edward Stuart, 1688-1766), fue un asiduo admirador “La Velata”.
No es de extrañar, pues “La Velata”, con 2’30 cm. de altura, cincelada en mármol con minucioso detalle, irradia virtuosismo, evidenciando la refinada maestría técnica del escultor.
Tuccia se nos muestra erguida, íntegra, soberbia. Y cubre su rostro con el característico largo velo de las Vírgenes Vestales: el suffibulum, símbolo de pudor y castidad. En su mano izquierda, apoyados contra su cadera, porta los atributos que la identifican: un cedazo (el tamiz con que logró salvarse) y una rosa (evocadora de pureza e inocencia, pero también de seducción).
Su presencia, porte y talle ya nos impresionan de por sí; pero más aún nos conmueve el singular velo que recubre la figura. Su excelso drapeado, cuyos pliegues adheridos están magistralmente tallados, se nos muestra diáfano, casi “mojado”. Y a su través se nos desvelan las sinuosas y exuberantes formas que pretende ocultar: la provocativa y seductora sensualidad de la Virgen Vestal Tuccia.
Con todo, quizá por su elevado precio, pues se subastó por unos 4.000 escudos de la época (algo más de 1.000.000 €), la impresionante estatua de “La Velata” nunca se vendió. Pasó a exponerse en el contiguo Palacio Barberini, donde, tras adquirirla Estado italiano en 1952, continúa a día de hoy.
Sobra decir que la majestuosa composición de esta escultura sirvió de modelo y fuente de inspiración a posteriores artistas. El mismo Corradini se trasladó posteriormente a Nápoles, donde dejó su impronta en la fastuosa “Capilla de San Severo”.
Otra “joya” más digna de admirar y disfrutar que nos brinda nuestra Infinita Roma.
BIBLIOGRAFÍA: Para documentar esta página se han consultado, entre otras, las siguientes fuentes:
- “Nueva Enciclopedia Larousse” (1980), Editorial Planeta.
- “TRECANI ”, Enciclopedia italiana.
- “Catálogo General de Bienes Culturales de Roma”, Página web del Ministerio de Cultura italiano.
- “Galería Nacional de Arte Antiguo” (Palacio Barberini).
- “Historia Natural” (XXIII, III, 3), del almirante, historiador y erudito latino Plinio “el Viejo” (Cayo Plinio Secundo, 23-79 d.C.).
- “Triunfos” (Triunfo sobre la Castidad), de Franceso Petrarca (1304-1374).
- “Fastos” (Libro VI, 459), del poeta latino Publio Ovidio Nasón (43 a.C.-17 d.C.)
- “Periocas de Oxirrinco” (fragmentos del Libro de los Prodigios, Libro XX, 5), del historiador latino Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.).
- “RAE”, diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
- “Hechos y dichos memorables” (Libro VIII, 1. 5), del escritor latino Valerio Máximo (s. I a.C.- s. I d.C.).
- “Historia antigua de Roma” (Libro II, 69 y ss.), del historiador griego Dionisio de Halicarnaso (c. 60-7 a.C.)
