ACADEMIA NACIONAL DE SAN LUCAS
FUENTES Y PLAZAS

ACADEMIA NACIONAL DE SAN LUCAS

El Palacio Carpegna es sede, desde 1934, de la Academia Nacional de San Lucas. Su interior alberga un fabuloso Museo, así como el archivo, la biblioteca y las propias oficinas administrativas, transferidas tras la demolición de la histórica sede.

El Palacio se construyó a finales del siglo XVI, obra de un alumno del arquitecto Giacomo della Porta para la familia Viani. Posteriormente lo adquirió, junto a otros edificios colindantes, la familia Carpegna (los hermanos Ambrosio y Ulderico). Encargaron su remodelación a Francesco Borromini (su primera obra civil). Éste lo amplió entre 1643-1650, creando un patio interior, porticado, con una rampa helicoidal para dar acceso a las nuevas estancias superiores.

Al fallecer la familia Carpegna, sin descendencia, el palacio pasó por varios propietarios desde 1732. Se reformó la fachada interior del patio, pero manteniendo su uso como residencia familiar. Hasta 1882 fue residencia familiar de Luigi Pianciani, el primer alcalde de Roma tras la unificación de Italia. Posteriormente se reformó para adaptarlo a otros usos. En él se estableció la orden religiosa de las Oblatas de Nuestra Señora del Cenáculo (1883), y, más tarde, el Banco di Santo Spirito (1928).

Finalmente, tras unos años de abandono, decidido ya como sede de la Academia, Gustavio Giovannoni lo restauró, devolviendo al edificio su impronta borrominiana.

Hoy, su fachada luce, sobre el balcón principal, el emblema de la Academia (adoptado en 1705). En él, los tres instrumentos simbólicos de las artes que acoge la institución, el pincel (por la pintura), el cincel (por la escultura) y el compás (por la arquitectura), conforman un triángulo equilátero, coronado con la leyenda del excelso poeta Horacio “AEQUA POTESTAS” (SER IGUAL). Remarca así la idéntica dignidad artística de estas artes.

Los inicios de la original “Academia di San Luca”, así llamada por tener a San Lucas como patrón de los pintores, se remontan al siglo XV, cuando un grupo de pintores se asoció bajo la denominación de “Universidad de las Artes de la Pintura”. Se establecieron en la antigua iglesia de San Lucas (en el Esquilino, cerca de la basílica de Santa María la Mayor). Al demolerse ésta, en 1588, Sixto V les donó la ruinosa iglesia de Santa Martina para la institución.

Pietro da Cortona, arquitecto y entonces director de la Academia, la reconstruyó, rededicándola también a su protector, San Lucas (iglesia  de los Santos Lucas y Martina), con la adición de un edificio como sede (en la desaparecida vía Bonella). La apertura de la via de los Foros Imperiales, a principios del pasado siglo, obligó nuevamente a trasladar su sede, esta vez ya a su actual emplazamiento.

Aunque ya venía funcionando anteriormente como una mera asociación de artistas, el pintor italiano Girolamo Muziano fue el verdadero impulsor de la Academia. Promovió la agrupación de las artes figurativas y la asociación de famosos artistas. Para ello, siendo superintendente de la Santa Sede, destinó parte de sus recursos a costear la fundación, que finalmente, previa autorización del papa Gregorio XIII, nacería “simbólicamente” en 1593 de la mano del pintor y arquitecto Federico Zuccari, oficialmente su primer Princeps (hoy Presidente). Bajo sus estatutos, la actividad tuvo una organización dirigida a la reforma artística y a la actividad educativa de los jóvenes. Ofrecían conferencias y cursos a distintos niveles, pretendiendo elevar el trabajo de los artistas más allá de la simple artesanía. A partir de 1607 acogió también al gremio de escultores, y poco más tarde, en 1634, al de arquitectos.

Tras la anexión de Roma a la Italia unificada (1872), se renombró como Academia Real. Con la llegada de la República (1948) pasó a ser Academia Nacional.

Durante sus primeros años estuvo en la órbita del patronazgo papal, que dominó y controló la institución.

En 1620, el propio Papa Urbano VIII concedió el derecho a la Academia de establecer quién podía ser considerado «artista» en Roma. En 1633, les cedió el monopolio sobre todas las comisiones públicas de los Estados Pontificios. Si bien su finalidad fue dotar a los artistas de una alta formación, lo fue a cambio de ejercer sobre ellos el control directo de la Iglesia. Tanto fue así, que en tiempos de Pío VI (1791) se les otorgó el favor para obtener, en el día de San Lucas, la gracia de un condenado a muerte. También concedía la ciudadanía romana a los académicos residentes que el pontífice decidiera.

Por ello, como alternativa a la Academia, surgieron en Roma otras escuelas de artistas. Éstas se oponían al modo de concebir el arte por esta institución. Quizá también porque nunca fueron admitidos en el circuito de la Academia, o porque nunca quisieron serlo. Destacó la de los Bamboccianti, llamada así por Il Bamboccio (“El Fantoche”), apodo con el que fue conocido el pintor holandés Pieter van Laer (1599-1642). En torno él se agruparon diversos pintores que recreaban pequeñas obras con escenas cotidianas de la vida de Roma.

No obstante, el prestigio de la Academia ya constaba en el siglo XVII. De ello da testimonio la petición de agregación de la Academia Real de Pintura y Escultura de París y de la Academia Real de Turín. Fue sobradamente avalado por la por la notoriedad de varios de sus Princeps (Presidentes). Algunos de ellos fueron:

 

  • Federico Zuccari (pintor, arquitecto y escritor italiano, 1542-1609).
  • Domenico ZampieriDomenichino” (pintor italiano, 1581-1641).
  • Gian Lorenzo Bernini (escultor, arquitecto y pintor italiano, 1598-1680).
  • Carlo Fontana (escultor y arquitecto italiano, 1634-1714).
  • Ferdinando Fuga (arquitecto italiano, 1699-1781).
  • Giovanni Paolo Pannini (pintor y arquitecto italiano, 1691-1765).
  • Antón Rafhael Mengs (pintor alemán, 1728-1799).
  • Antonio Canova (escultor italiano, 1757-1822).
  • Albert Bertel Thorvaldsen (escultor danés, 1770-1844).

 

La Academia presume de tener un notable Museo, que ha ido conformándose con las obras de los propios académicos. Para perpetuar su memoria, según los estatutos, habían de donar una obra suya a la Academia. Mayormente son autorretratos. Podemos encontrar entre ellos lienzos de Rafael, Tiziano, Rubens o Van Dyck. También donaciones y legados de otros artistas que han ido engrosando sus colecciones a lo largo de los siglos.

 

 

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