Templo Jupiter optimo maximo
ROMA ARCAICA

TEMPLO DE JÚPITER ÓPTIMO MÁXIMO

El templo de Júpiter Óptimo Máximo, también conocido como templo de Júpiter Capitolino, se construyó para reemplazar al que la liga federal latina tenía en el Monte Albano (Iuppiter Latiaris). De este modo, se trasladó el culto, haciendo de Roma el centro indiscutible de la nueva Liga Latina. A ella se adhirieron hasta 47 pueblos, 30 de ellos latinos.

En él se reunían una vez al año para practicar sacrificios rituales en común, dirigidos por el Flamen Dialis (sacerdote). Celebraba el culto a Iovi Optimus Maximus: “Júpiter, el mejor y el más grande”.

Júpiter, cuyo poder se revelaba principalmente por el trueno y el relámpago, era para los romanos el soberano de los dioses. Era el más grande de la Tríada Capitolina: Júpiter, su esposa Juno y Minerva, su hija. Por esta razón fue siempre objeto de atención preferente del poder romano. Y por ello, su templo el más importante de la antigua Roma.

 

Júpiter
Júpiter de Esmirna (Museo del Louvre)

 

El lugar elegido para su ubicación, y marcando con ello el centro religioso de la comunidad, fue el más emblemático y elevado de la antigua Roma: la cima del monte Saturno. En ese lugar hubo anteriormente un templo etrusco dedicado a Veiovis (el “Júpiter malo” que con sus rayos hiere y mata, tenido por un dios de la muerte por las tormentas eléctricas), protegido por el escarpado mons Tarpeius (la roca Tarpeya).

Tras reubicar a sus primitivos pobladores en el Aventino, Tarquinio Prisco inició la construcción del templo, cumpliendo con un voto hecho antes de la guerra con los sabinos. Lo completó Tarquinio el Soberbio. Pero, tras ser éste derrocado, fue consagrado por el Pontifex, y cónsul, Marco Horacio Pulvilo el 13 de septiembre de 509 a.C.

Cada idus de septiembre, dies natalis del templo, a la derecha del altar se fijaba un clavus annalis.  De esta manera, señalaban el número de años que transcurrían.

Al cimentar el edificio se encontró, enterrada a bastante profundidad, una cabeza humana recién cortada que tenía en la frente el nombre de Tolus. Consultados los adivinos, interpretaron el hallazgo como signo prodigioso para Roma: estaba destinada a ser la cabeza de todas las naciones. Por ese hallazgo se renombró a la montaña Caput Toli, nombre que después derivaría en Capitolium.

 

Templo Jupiter Optimo Maximo
Cimientos del templo en la colina Capitolina

 

Según la tradición, había otros santuarios en el solar destinado a este templo, todos los cuales permitieron que se los desposeyera, excepto Terminus y Juventas. Por ello, sus sacellum (o templetes) se conservaron en su lugar y se integraron dentro del templo del dios Júpiter. Se creó incluso una pequeña claraboya en el tejado del propio templo para que el dios de los límites, Terminus, siempre se mantuviera, como ordenaba la ley divina, a cielo abierto. La acción de Terminus y de Juventas se consideró como una profecía de la permanencia del culto. Ello vaticinaba la firmeza y la estabilidad del Estado, así como la inamovilidad de las fronteras de la propia Roma.

El edificio era gigantesco, excepcional para su época. Se erigía sobre un elevado podium de 53 x 62 metros. Testimoniaba así la importancia de la ciudad y el poder de sus gobernantes. Se accedía por una escalinata desde la gran plaza frente al templo, la Plaza Capitolina, donde también había otros templos dedicados a divinidades menores, además de edificios religiosos, estatuas y trofeos. Allí era donde concluían las ceremonias triunfales y, ante él, en un altar portátil, los generales celebraban los sacrificios augurales en acción de gracias por sus victorias.

Pese a que inicialmente era tetrástilo (así aparece en monedas y relieves de la época), Augusto lo transformó en hexástilo, con dos filas más de columnas corintias en su frente para formar el profundo pronaos (entrada) que precedía a las tres cellae (cámara interior del templo), dispuestas de lado a lado, a la manera etrusca. La central, frente a la escalinata y más ancha que las otras dos, dedicada a Júpiter, con un altar (ara Iovis). Minerva a su izquierda, y Juno a la derecha. Bajo las cellae estaban las favissae (criptas subterráneas), donde se almacenaban viejas estatuas u ofrendas votivas.

 

maqueta templo jupiter optimo maximo
Maqueta del templo de Júpiter Óptimo Máximo

 

Tras la invasión gala de Breno (390 a.C.), el dictador Marco Furio Camilo instituyó los Juegos Captilinos. Inicialmente, se celebraban anualmente en honor a Júpiter, si bien más tarde fueron quinquenales.

En 83 a.C. un fuego originado durante las guerras civiles destruyó por completo el templo. Entonces se perdieron la imagen de culto y los Libros Sibilinos. Años más tarde fue reconstruido en mármol por Sila, si bien, por fallecer éste antes de su finalización, fue consagrado por Quinto Lutacio Catulo.

Tras otro incendio, Augusto lo reconstruyó en 26 a.C., transformándolo en hexástilo. Años más tarde, durante los combates entre partidarios de Vitelio y Vespasiano, en 69 d.C., resultó también incendiado, siendo reconstruido por Vespasiano en 71 d.C. Pese a ver concluida la obra, poco después de fallecer (79 d.C.) resultó nuevamente arrasado por el incendio del Capitolio que asoló Roma a comienzos del gobierno de Tito (80 d.C.). En 82 d.C. fue nuevamente reconstruido y dedicado por Domiciano, quien lo revistió completamente en mármol, probablemente utilizando las columnas del templo de Zeus Olímpico de Atenas, lo que le salvaría de incendios posteriores. Así mismo, Domiciano restableció los Juegos Capitolinos haciéndolos quinquenales, y desde entonces el calendario romano se contabilizó por lustros, como en Grecia por Olimpiadas.

En época imperial no era ya el imponente pero modesto edificio de la primitiva Roma. Las puertas de las cellae estaban chapadas en oro y el tejado cubierto por tejas en bronce dorado. Columnas de mármol sostenían el frontón, coronado con estatuas de mármol dorado. Sobre la cubierta, a dos aguas, haciendo de acrótera , hubo una cuadriga de terracota pintada encargada por Tarquinio el Soberbio. Era obra del artista etrusco Vulca de Veyes, y se reemplazó en 296 a.C. por una de bronce a iniciativa de los hermanos Ogulnios (los ediles Cneo y Quintus Ogulnius).

De las columnas y los frisos pendían despojos del enemigo: espadas, proas de barcos, escudos y estandartes recordaban los triunfos de Roma. Dentro del templo había multitud de ricas ofrendas, junto con obras de arte y regalos de soberanos. Victorias y coronas de oro, vasos murrinos, alhajas de toda clase, enormes trozos de cristal, formaban el tesoro, del que los guardianes del templo respondían con su cabeza.

Un ejemplo es una cuadriga de oro (o de bronce) y dos mil libras de oro que Mario transportó a Preneste y Sila retornó a Roma. También se dice que, en la reconstrucción de Vespasiano, el tesoro más rico, formado por pepitas de oro y plata donadas por los romanos, se enterró en los cimientos del templo.

Así mismo, en su interior se custodiaban, entre otros, los Libros Sibilinos, guardados en un cofre de piedra. También la Amphora Capitolina, un ánfora estándar que servía de medida-patrón.

La estatua de Júpiter que destruyó el fuego, de terracota, también obra de Vulca, se sustituyó en 65 a.C. por otra crisoelefantina (realizada en oro y marfil), con un Júpiter sosteniendo un rayo de oro en la mano, obra de Apolonio de Atenas. Posiblemente se inspiró en el Zeus de Olimpia (supuestamente de Torso Belvedere, quien firmaba como “Apolonio, hijo de Néstor”). Probablemente de ella se hicieran las copias enviadas a los templos de las nuevas colonias de Roma (la mejor sería la de Júpiter Otricoli, hoy conservada en los Museos Vaticanos).

Su demolición empezó en el siglo V, cuando Estilicón se llevó las puertas doradas y Narsés retiró muchas de las estatuas en 571. Estilicón lo despojó de una parte de sus ornamentos. Genserico, en el año 455, se llevó la mitad de las tejas de bronce que lo cubrían. No obstante, este celebre templo existía aún en tiempos de Carlomagno por el año 800. Pero en el siglo XI se encuentra de pronto en la historia que está completamente en ruinas.

Frente a la fachada del templo, precedido por una amplia escalera, había una plaza notablemente grande. Ésta era el Área Capitolina, parte de la cual está actualmente ocupada por un jardín en via del Tempio di Giove. Pero la mayor parte ya no existe debido a las sucesivas transformaciones que afectaron a la zona en varias épocas.

En 1919 arqueólogos romanos procedieron a una demolición parcial del actual Palazzo Caffarelli, firmemente convencidos de encontrar «algo» bajo esas bases del Templo de Júpiter. Incluso se llamó a un adivino, pero ni un sólo céntimo salió de esa tierra.

A mediados del siglo XIX, esta área del Capitolio se convirtió en la sede de un gran complejo germánico, que comenzó con la adquisición de Villa Caffarelli. Continuó con la construcción de dos edificios, uno destinado a la sede del Instituto Arqueológico Alemán y el otro como sede del Hospital Teutónico.

Tan sólo se han hallado restos de una base cuadrada, cementada con sílex, descubiertos a finales del siglo XIX en el patio del actual Palazzo Caffarelli (y en el nuevo Museo Capitolino), cuando se abrió en dos la via Tempio di Giove. Se identificaron como el podio del Templo (hoy protegidos por una cubierta de vidrio), aunque otros apuntan a que pudieran pertenecer al Tensarium. Esto era el cobertizo donde se guardaban los carros sagrados, o tensae, en los que las divinidades eran llevadas en procesión con motivo de celebraciones especiales, como los Ludi Romani.

 

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