BOCA DE LA VERDAD
ROMA ARCAICA

BOCA DE LA VERDAD

La leyenda popular que envuelve a la Boca de la Verdad le atribuye que, quien, tras decir una mentira, introduzca la mano en su boca abierta, perderá sus dedos.

Según la tradición popular, hasta ella eran llevados los sospechosos, a quienes se les obligaba a introducir la mano en su boca; entonces se les interrogaba y, si decían la verdad, sacaban su mano ilesa; pero si mentían, la boca se cerraba y les cortaba la mano. Incluso hay quien sostiene que algunos jueces, convencidos de la culpabilidad del reo, utilizaron éste último recurso como castigo colocando a un hombre tras el monumento con una espada afilada para tal fin.

Es más, circulan varias historias sobre mujeres infieles y/o adúlteras que, al igual que hombres, “pasaron” la prueba de la verdad. Sin embargo, no son más que cuentos medievales, quizá fruto de la “gracia” con la que, en aquellos tiempos, los romanos se burlaban de los peregrinos visitantes.

La tan conocida Boca de la Verdad (Boca della Verità) es un gran disco de mármol que se halla en el atrio de la Basílica de Santa María in Cosmedín; concretamente, en el extremo izquierdo del pórtico, junto a la pequeña puerta de acceso a la antigua portería de la iglesia.

Se halla en este atrio desde 1632, cuando Urbano VIII (Maffeo Barberini, Papa entre 1623 y 1644), la hizo trasladar y colocar sobre un pequeño capitel corintio.

No hay constancia escrita de ella hasta 1485. Se supone que estuvo oculta durante muchos años (quizá enterrada), y apareció “abandonada” en la plaza homónima (Piazza de la Bocca della Veritá). Desde entonces aparece nombrada en los textos como Bocca della Verità. En representaciones posteriores aparece apoyada sobre la pared exterior del nártex de la iglesia.

La fama universal la alcanzó gracias la película, dirigida en 1953 por William Wyler, “Vacaciones en Roma”. Es una seductora y elegante comedia romántica protagonizada por el galán del momento, Gregory Peck, y la desconocida e inocente Audrey Hepburn.

 

 

En una de las escenas, el actor, mientras narra a la protagonista la leyenda que envuelve a la Boca de la Verdad, la invita a probar suerte; pero ella, asustada e indecisa, declina la invitación. Entonces él le muestra cómo hacerlo. Imperturbable, introduce hasta medio brazo en el interior de la Boca de la Verdad; de repente, da un quejumbroso sobresalto, como si desde el interior se lo intentasen arrancar, consiguiendo sacar el brazo. Entonces ella, al verlo sin la mano (la había retraído en la manga de la chaqueta), se lleva un pavoroso susto. Tras unos angustiosos instantes, al  descubrirse el pastel, la actriz acaba cayendo en los brazos del galán.

 

 

Pese a que la escena fue una broma real entre los actores, no prevista inicialmente en el guión, el director decidió finalmente incorporarla al film. Y acertó.

La película, además de 10 nominaciones, obtuvo 3 Óscar (Actriz, Argumento original y Vestuario). Y catapultó a la fama a Audrey Hepburn, que se reveló como nuevo icono cinematográfico.

Desde entonces, la Boca de la Verdad es un imán que diariamente atrae a multitud de turistas, sobre todo parejas de enamorados.

El nombre de Bocca della Verità se le dio a esta máscara por primera vez en 1485 y desde entonces sigue siendo uno de los símbolos más significativos de Roma. De hecho en el siglo XV se dice en las guías de esta piedra que «se llama la lápida de la verdad, que en la antigüedad tenía la virtud de mostrar cuándo una mujer había hecho una falta a su marido».

 

ORÁCULO DE FAUNO

El que la Boca de la Verdad sea tenida por un oráculo quizá sea una reminiscencia de lo recogido en el siglo XI en la Mirabilia Urbis Romae (Maravillas de la ciudad de Roma), una guía para peregrinos de la época. En ella se refiere:

 

Ad sanctam Mariam en Fontana, templum Fauni; quod simulacrum locutum est Iuliano et decepit eum” (Cerca de la iglesia de Santa María en Fontana está el templo de Fauno; su estatua simuló hablar a Juliano y lo engañó).

 

Un texto alemán posterior (del siglo XII) se hizo eco de esa historia. En él se refería que Juliano “el Apóstata”, tras engañar a una mujer, tuvo que jurar allí su inocencia para probar su buena fe. Detrás de la boca de piedra, el diablo, haciéndose pasar por Mercurio, agarró la mano del emperador Juliano y prometió lavar su reputación y otorgarle grandes fortunas si accedía a restaurar los cultos paganos. Presumiblemente lo engaño. Sin embargo, en los escasos 2 años que Juliano gobernó (entre 360-363), el paganismo volvió a ser la religión oficial del Imperio. Por todas las ciudades del imperio resurgieron los oráculos, proliferando las prácticas adivinatorias y, sobre todo, los sacrificios, que tanto apasionaban a Juliano.

Quizá por estas referencias a Fauno (luego diablo) algunos consideran que la Boca de la Verdad fue una piedra oracular, y que el rostro en ella representado es el del dios Fauno. Máxime cuando en las cercanías hubo un lugar de culto dedicado a él.

Ovidio (Fastos, Libro II), señala que en la isla Tiberina hubo un templo dedicado a Faunodonde la isla rompe las aguas separadas”. Tito Livio lo confirma, añadiendo que era el único templo real dedicado a esta deidad en Roma. Aunque no quedan evidencias de él, se sabe que fue dedicado en 194 a.C. Las fuentes literarias lo sitúan dentro del santuario de Júpiter Jurarius (Júpiter garante del juramento), que por evidencias epigráficas halladas se sabe estaba bajo la actual iglesia de San Giovanni Calabita y el hospital anexo.

Fauno era el arcaico dios romano de la agricultura y protector del ganado. Protegía a los pastores y a los rebaños de toda clase de peligros, sobre todo de los ataques de los lobos, por lo que se le llamó también Lupercus. Con este nombre se le honraba en el Lupercal, un arcaico santuario ubicado en la falda del monte Palatino. Y cada 15 de febrero se celebraban, en su honor, las fiestas llamadas Lupercalias (Tito Livio, Historia de Roma, Libro I).

Fauno

 

También se le consideraba un dios profético. A él acudían cuantos deseaban conocer el futuro, que Fauno profetizaba en versos saturnianos (una arcaica versificación latina). Los antiguos romanos le atribuían “todos los pánicos”. Según Dionisio de Halicarnaso (Libro V), “son obra de Fauno cuantas apariciones, tomando en cada ocasión una forma diferente, se presentan a la vista de los hombres infundiéndoles temor, y cuantas voces sobrenaturales perturban sus oídos”. Y añade que «en su altar se sacrificaba una cabra a Fauno, el dios de los pies de cuerno» (Libro I).

Según Festo, Faunos eran seres a quienes los paganos dedicaban sus templos, donde formulaban preguntas y escuchaban las respuestas de los “demonios”.

A Fauno se le representa con barba, vestido con una piel de cabra, y una maza o cuerno de la abundancia en la mano. Si bien, al ser asimilado posteriormente a los sátiros griegos, también compartió sus rasgos iconográficos: se los solía imaginar velludos, cornudos, con patas de cabra y orejas móviles. Ovidio (Fastos, Libro II), lo llama “dios de los cuernos”

Todo lo anterior ha dado pie a identificar la Boca de la Verdad con el oráculo de Fauno. Lo que se ignora es cómo, pese a la cercanía de la isla Tiberina y del Palatino, fue a parar a la actual ubicación.

 

CARACTERÍSTICAS DE LA BOCA DE LA VERDAD

La Boca de la Verdad es una pieza circular cóncava, presumiblemente del siglo I a.C. Está realizada con mármol pavonazzeto, el más lujoso de la época, si bien sus vetas apenas son reconocibles debido a la oxidación. También era conocido como mármol frigio, pues las canteras de las que extraía se hallaban en Frigia (en la actual Turquía).

 

BOCA DE LA VERDAD

 

El Pavonazzetto  es un mármol blanco o amarillo parduzco con vetas violáceas, que tomó ese nombre por su similitud a los colores de la cola del pavo real. En la antigua Roma fue uno de los mármoles más utilizados, particularmente en solados, columnas y todo tipo de ornamentos.

Desde Augusto (siglo I), se utilizó en muchos edificios públicos, y fue uno de los favoritos que utilizó el emperador Adriano en sus edificaciones. Por ejemplo, en lo que nos interesa, entre los muchos edificios y estructuras monumentales en que se utilizó, destacan: Panteón, Foro de Trajano, Foro de Augusto, Templo de Apolo, Templo de Marte Ultor, Basílicas Julia, Emilia y Ulpia, Arco de Constantino, Termas de Caracalla y, más recientemente, en la Basílica San Paolo fuori le Mura.

Pesa entre 1.200-1250 Kg., con un diámetro de 1,72 m. y 20 cm. de grosor, que disminuye desde el perímetro a la boca. Y tiene un reborde externo que sobresale unos 2 cm.

Laboriosamente tallada, representa, a modo de máscara, la figura de un rostro humano barbudo. Su boca (ligeramente abierta), fosas nasales y ojos están perforados (huecos). Lamentablemente presenta una gran grieta radial que afecta a boca, nariz y ojo izquierdos. El labio superior (perdido) aparece con diferente mármol, lo que evidencia una lamentable y deficiente restauración. Aunque se ignora cuándo se produjeron estos daños, es posible que sucedieran durante su traslado a su actual ubicación.

Además, es la más grande de cuantas se han hallado, y su delicada talla denota un “elevado estatus”, por lo que se supone que originalmente debió ocupar un emplazamiento privilegiado. Lo extraño y sorprendente es que no haya caído en manos de coleccionistas de antigüedades, como ha sucedido con otras innumerables piezas.

Pese a su evidente desgaste, y por ello, se supone elaborada con la finalidad de facilitar el drenaje de aguas. De ahí que se infiera, como más que probable, que se trate de un monumental impluvium (sumidero para la recogida de aguas pluviales). Sus propias características así lo indican:

 

  • La función de registro, declarada por una muesca en el borde superior (aún apreciable), que permitiría levantarla con el uso de una palanca.
  • Los orificios que la horadan, que presuponen una buena capacidad de absorción pluvial.
  • La dureza del mármol empleado, persistente pese a los avatares de los años (más que demostrada).
  • Los 20 cm. de espesor, capaces de soportar el tránsito de personas sobre él.
  • Y, sobre todo, por la elevación exterior de los bordes (unos 2 cm), que, como muro de contención interior, se dispone como nivel de conexión con el piso circundante.

 

Entonces era costumbre decorar este tipo de objetos con la imagen de un dios fluvial o con algún símbolo referente al agua. Lo que no está claro es a quién representa ese rostro tallado. La mayoría lo identifica con una divinidad fluvial, bien Júpiter, Poseidón, Neptuno, Océano, o el mismo Tíber. Sin embargo, otros consideran que es una representación del mitológico Hércules, o bien de Fauno.

 

LOS SÍMBOLOS

Además, pese al paso de los siglos, en el rostro pueden apreciarse varios símbolos. Al carecer de fuentes documentales fiables que revelen su significado, su presencia ha sido diversamente interpretada.

Centrado en la frente, un pequeño abultamiento ha sido interpretado como un escarabajo. Este animal se alimentaba de estiércol, depositaba luego sus huevos en él, y moría; y del estiércol resurgía nuevamente. Por ese ciclo vital el escarabajo era símbolo de renacimiento y transformación. En el antiguo Egipto era considerado un poderoso amuleto mágico: se colocaba en la cavidad torácica del difunto, tras ser embalsamado, para asegurar su renacimiento. Su presencia en la Boca de la Verdad se presume responda a idéntico fin.

Dos protuberancias sobre los ojos semejan sendos cuernos. A ambos lados de la boca se distinguen dos cabezas de lobo (quizás aludiendo a las Lupercalia). Y, un poco más abajo, semiescondidos entre la barba, aparecen dos pequeños bultos esféricos. Son representados como glándula bilateral (testículos) de la fuerza generadora, un evidente símbolo de virilidad. Según ésto, muchos piensan que el rostro de la Boca de la Verdad es el del dios Fauno.

Por el contrario, otros identifican esos cuernos como garras de cangrejo. Asimismo, en esas glándulas bilaterales creen ver sendas cabezas de delfines, rodeados de una barba que semeja las ondas marinas. De ello deducen que el rostro representado es el de Neptuno (o el griego Poseidón).

De otra parte, los partidarios de ver en el rostro de la Boca de la Verdad una representación de Océano se amparan en la mitología griega. Según ésta, Urano obligaba a su esposa Gea a retener a sus hijos en el vientre. En venganza, Gea convenció a su hijo menor, el titán Saturno (Cronos), para que, con una hoz, cortase los genitales de su padre y los arrojara al mar. Esto explicaría la presencia de esos testículos entre las barbas de Océano. Es más, la leyenda griega continúa: de la sangre de Urano nacieron los Gigantes, las Melias y las Erinias, y de la espuma que se produjo al tirarlos al mar nació la diosa Venus.

 

PRESUNTA UBICACIÓN

Al desconocerse su procedencia, mucho se ha debatido sobre su origen.

Hay quien opina que pudiera tratarse del frontal de una fuente de algún jardín cercano, o quizá el brocal de algún pozo sagrado que hubiese en las inmediaciones. Sin embargo, sus propias características descartan tales hipótesis. En el caso de la fuente, la salida vertical del agua habría de situarse en la parte inferior, y no en el centro. Centrados como están los orificios, en poco tiempo se habrían obstruido por la acumulación de depósitos residuales. De otra parte, de ser un brocal de pozo, los orificios carecerían de sentido.

La plaza homónima en que se ubica encuentra en el margen izquierdo del Tíber. Justo bajo ella discurre el último tramo de la Cloaca Máxima.

 

Punto final de la Cloaca Máxima

 

Por ello, la opinión más generalizada (no por ello la más fidedigna) sobre la Boca de la Verdad es que se trata de una tapa de alcantarilla, un sumidero o algún registro de ella.

No obstante, su colosal tamaño ha generado varias hipótesis en función del lugar que originalmente pudo haber ocupado.

Así, se especula que el rostro tallado en la Boca de la Verdad pudiera ser una representación de:

 

TIBERINO

Escultura del dios Tiberino en Roma

 

Por su proximidad al río, algunos lo tienen por una representación de Tiberino, dios del Tíber. Y lo justifican así: si la Cloaca Máxima tenía su propia divinidad, la Venus Cloacina, pudiendo Venus presidir una cloaca, un dios del río bien podría presidir una alcantarilla.

 

 

PORTUNUS

Grabado del dios Portunus

 

Se infiere por su proximidad al Templo de Portunus, sito en un extremo de la plaza.

El templo (del siglo IV ó III a.C.), ubicado junto al Portus Tiberinus, el primer puerto fluvial de Roma, estuvo dedicado a este dios romano, protector de los ríos y los puertos.

 

 

HÉRCULES

Escultura de Hércules

 

También aquí estaba el primer y principal mercado de ganado de Roma, el Foro Boario (Forum Boarium), dedicado principalmente al mercado de bueyes, de ahí el nombre. En él estaba el Ara Máxima de Hércules (aún perduran restos bajo la cripta de Santa María in Cosmedín). Era un vasto altar, al aire libre, donde, en la antigüedad, se celebraban rituales que implicaban el sacrificio de grandes animales en honor a Hércules.

Considerado un semidiós, a Hércules también se le tenía por garante de las transacciones comerciales: sobre su altar hacían juramentos y convenios quienes querían llevar a cabo algún negocio con firmeza. De ahí surge la hipótesis de quienes lo consideran un desagüe ornamental para recoger, en lugar tan sagrado, la sangre que allí se derramaba. Y quizás la fama que aún perdura de no mentir ante la Boca de la Verdad, bien pudiera ser una reliquia de aquellos remotos tiempos.

Además, justo al lado, en la misma plaza, se halla el templo de Hércules Olivarius (aunque por su forma es erróneamente conocido como Templo de Vesta). Hércules era, de hecho, el patrón del gremio de «almazaras».

 

Templo de Hércules Olivairus

 

Construido en 120 a.C., fue reconstruido en el año 15 por Tiberio, y lo hizo en mármol pentélico (de Luni, importado desde Grecia), siendo el edificio de mármol más antiguo que se conserva en toda Roma.

De ahí que algunos supongan que la Boca de la Verdad pudiera haber estado en sus cercanías.

 

POSEIDÓN

Poseidón

 

Hay quien aventura que pudo ser un impluvium cercano al vecino Circo Máximo. Construido entre 616-579 a.C., en tiempos del rey Lucio Tarquinio Prisco, allí hubo un ancestral altar subterráneo dedicado a Conso (Consus, arcaico dios itálico de la agricultura). En su festividad, las Consuales (sobre el 21 de agosto), se celebraban carreras de caballos. Conso fue más tarde identificado con el dios griego Poseidón, pues este dios era poseedor de la tierra.

Poseidón era el dios supremo del Mar, pero mantuvo su primigenia concepción de dios de los Caballos (Poseidón Hippios) y de los Terremotos. A Poseidón Hippios responde el que en la spina de los circos se colocasen 7 delfines para contabilizar las vueltas de cada carrera: 7 vueltas por los planetas entonces conocidos (Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), y delfines por ser éste el animal a él consagrado, fiel compañero, amigo de los navegantes, y símbolo “parlante” de la calma marina.

 

 

NEPTUNO

Escultura de Neptuno en el centro de la Fontana de Trevi

 

Por su proximidad al altar que tenía dedicado junto al antiguo Circo Flaminio (221 a.C.). Neptuno, era el dios romano del mar y de las aguas. A comienzos del siglo IV a.C. se le identificó con Poseidón, especialmente en su función de protector de los caballos y de las carreras en que éstos participaban.  Y pasó a ser conocido como Neptuno Ecuestre (el griego Poseidón Hippios).

 

 

OCÉANO

Estatua de Océano procedente de Éfeso, siglo II (Museo Arqueológico de Estambul).

 

Según Homero, Océano fue el creador del Universo. Personificado como hijo de Urano y de Gea, por no rebelarse contra los dioses, como hicieron sus hermanos, le fue concedida la soberanía sobre los mares. Se casó con su hermana Tetis, de la que tuvo tres mil hijos (todos los ríos), y tres mil hijas (las Oceánidas, ninfas de los mares). En la mitología griega era la personificación divinizada del inmenso mar que rodeaba toda la tierra, a donde iban a parar todas las aguas dulces. Era el gran río que rodeaba la Pangea romana; esto es, según lo refirió Séneca en varios epigramas: “el límite del mundo sometido al Imperio Romano”.

En su concepción simbólica, Océano representa tanto la fuente de todas las aguas como su destino final. Por ello, colocado como impluvium, en posición horizontal, el lugar donde se ubicara funcionaría como un microcosmos, el punto por donde todas las aguas retornan al “Océano”.

Partiendo de esta concepción, hay quien considera que lo que hoy conocemos como Boca de la Verdad fue, en su tiempo, el original impluvium central del suelo del Panteón. Alineado con el óculo, generaría ese microcosmos fluvial rebosante de simbolismo.

 

 

Esta hipótesis viene avalada por el mármol pavonazzetto con que está hecha la máscara de la Boca de la Verdad. El pavonazzetto es uno de los materiales más usados en el Panteón.

El Templo de los Dioses (Panteón) formaba parte del programa de la “nueva Roma” ideado por Augusto para el Campo de Marte. Su construcción se atribuye a su yerno Marco Vipsanio Agripa. No es de extrañar que la inclusión de la gens Iulia en esa “nueva Roma” estuviera implícita en el ideario simbólico de Augusto.

Una prueba de ello es la elección de mármol frigio en su construcción. A la región de Frigia pertenecía Troya (patria original de los romanos), de la que la gens Iulia afirmaba descender.

Además, recordemos la presencia de delfines en el rostro de la Boca de la Verdad. Para la gens Iulia, al igual que su progenitora Venus, el delfín era la criatura marina por excelencia. Pero el delfín también se atribuye a Agripa, para quien era un recordatorio de sus victorias navales.

Es fácil suponer que, cuando el Panteón se transformó en iglesia cristiana (en 608, la actual Santa María ad Martyres), el impluvium original fuese removido (posiblemente por representar un símbolo pagano). Fácil deducción con tan sólo advertir que el granito rosa que hoy ocupa ese lugar no se corresponde con ningún otro tipo elemento decorativo usado en el interior de la iglesia.

Se supone que la máscara fue llevada a uno de los pocos depósitos que entonces existían cerca del puerto fluvial, en las cercanías de la plaza donde hoy se ubica.

Lo que es evidente es que no se destruyó, como sucediera a otros tantos restos históricos que fueron convertidos en cal, reciclados y reutilizados en iglesias y palacios. Quizá se salvó por el simbolismo que de ella emana.

A día de hoy, la Bocca della Veritá sigue siendo uno de los máximos reclamos turísticos de Roma. Lamentablemente, aunque su simbolismo aún se intuye, para la mayoría pasa totalmente desapercibido. Por nosotros que no sea.

Por cierto, demostrar que hemos dicho la verdad ya no nos saldrá gratis (antes se pedía una aportación voluntaria). Desde el 2016 cuesta 2 € por persona (salvo menores de 16 años y discapacitados). Y lo recaudado, según dicen, irá destinado a restaurar y mantener las instalaciones.

Así sea.

 

2 Comentarios

  • Jessica Alvarez sequeiro

    Creo que el Panteón me parece uno de los sitios más impresionantes por su inmensidad, por su cúpula y pilares…y la plaza de Inés donde perdió su primer diente.
    Cómo siempre un artículo donde nos explicas todo a la perfección.
    Me encanta!!!!

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