EL PUENTE ROTO
ROMA ARCAICA

EL PUENTE ROTO

El Ponte Rotto (Puente Roto), conocido también como Ponte Aemilius (Puente Emilio), fue el primer puente de mampostería de Roma. Su estructura original constaba de seis ojos, con dos menores que soportaban sendas rampas en los extremos.

Se levantó en torno al año 241 a.C. por orden del cónsul Manlio Emilio Lépido, de quién tomó el nombre. Su construcción estaba en conexión con la apertura de la Via Aurelia (actual Via della Lungaretta), la gran vía consular que construyó el cónsul Gaio Aurelio Cotta. Así lo atestiguan los historiadores Tito Livio y Plutarco, y dan fe de ello representaciones halladas en antiguas monedas.

Sin embargo, comúnmente es atribuido a los censores Marco Emilio Lépido y Marco Fulvio Nobiliore, pese a que éstos sólo renovaron algunos pilares y colocaron una pasarela de madera sobre él con motivo de las obras que condujeron a la apertura del cercano Puerto del Emporio, obra que realizaron entre los años 181-179 a.C., para apoyar al puente Sublicio, inadecuado para soportar el tránsito de carros y material pesado,

No obstante, serían los cónsules Publio Cornelio Escipión Emiliano (“Africano Menor”) y Lucio Mummio quienes lo completarían. Sustituyeron la originaria pasarela de madera con arcos de mampostería (de piedra), y se concluyó en 142 a.C. Por ello se llamó Ponte Lapideus (Puente de Piedra), en contraposición al Ponte Sublicius (de Madera).

En 12 a.C. el emperador Augusto, siendo Pontífice Máximo, llevó a cabo la primera reconstrucción completa. En su homenaje, el “nuevo” puente fue apodado Ponte Massimo. Este nombre perduró hasta el año 872, cuando el papa Juan VIII transformó el cercano Templo de Portunus en la iglesia de «Santa Maria Egiziaca«. Por esta razón el puente fue renombrado Ponte di Santa Maria.

En el Mirabilia Urbis Romae (“Maravillas de la Ciudad de Roma”), un texto medieval  de 1144, en latín, muy copiado, y que sirvió a generaciones de peregrinos y turistas como antigua Guía de Roma, aparece nombrado como Ponte Senatorium, probablemente tras alguna restauración efectuada por iniciativa del Senado.

En los siglos siguientes, dada su posición oblícua con respecto a la corriente del río, requirió varias intervenciones y restauraciones. Todas ellas resultaron ineficaces hasta que el papa Julio III decidió la completa renovación de su diseño. Pese a que encargó la obra primeramente a Miguel Ángel, para ahorrarle tiempo y energías la asignó finalmente al arquitecto Nanni di Baccio Bigio. Éste la ejecutó en 1552. Pero el 14 de septiembre de 1557, tras una terrible inundación, el puente sucumbió nuevamente.

Gregorio XIII Boncompagni lo reconstruyó para el Jubileo de 1575. Aún permanece tallado en el puente su escudo heráldico junto a la oportuna inscripción donde, traducida del latín, se lee:

 

A INSTANCIAS DEL PAPA GREGORIO XIII, LA CIUDAD DE ROMA EN EL AÑO JUBILAR 1575 REGRESÓ A LA FUERZA PRIMITIVA Y LA BELLEZA DEL PUENTE SENATORIO, CUYOS ARCOS, CAÍDOS POR LA ANTIGÜEDAD Y YA PREVIAMENTE RESTAURADO, EL ÍMPETU DEL RÍO LOS HABÍAN ROTO NUEVAMENTE”.

 

Esa reconstrucción se aprovechó para conducir por él el nuevo acueducto “Acqua Felice”. Ello permitió abastecer de agua la zona del Trastévere, en concreto la fuente de Piazza di Santa Maria. Pero otra gigantesca inundación, acaecida el 24 de diciembre de 1598, arrastró la tubería junto con tres de los seis arcos del puente. Éstos ya no fueron reconstruidos. La mitad del puente, que quedó anclada a la orilla derecha, se transformó en un jardín colgante. Así permaneció hasta finales del siglo XVIII, como un balcón florecido sobre el río.

En 1853 un nuevo proyecto lo devolvió a la vida con la construcción de una pasarela metálica soportada por cuerdas que lo conectaban con la orilla izquierda.

 

puente roto

 

Esta solución duró hasta 1887, cuando se decretó la demolición de la pasarela y la creación del nuevo y adyacente Puente Palatino.

 

 

Más tarde, una de las explosiones efectuadas para la remodelación de los márgenes del Tíber hizo saltar por los aires los dos arcos más cercanos a la orilla. Quedó un pedrusco abandonado en medio del río, y desde entonces ya se apodó, definitivamente, como Puente Roto.

 

EL PUENTE ROTO

 

Hoy sólo subsiste uno de los tres arcos, realizado con bóveda de ladrillo en una tardía restauración renacentista del siglo XVI. Supuestamente está apoyado en los pilares originales del siglo II a.C.

 

 

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